Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: ¿CÓMO HABLAMOS DE NUESTRO CUERPO?

Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans sobre cómo hablar del cuerpo influye en los hijos e hijas

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y actualmente desarrollo mi actividad profesional en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans.

Soy graduada en Psicología con mención clínica por la Universitat Ramon Llull y cuento con un Máster Universitario en Psicología General Sanitaria y un Máster Universitario en Psicología Jurídica, ambos por la VIU. A lo largo de mi trayectoria he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones, la prevención de conductas suicidas y autolesivas y diferentes contextos de intervención psicológica. Toda esta experiencia me ha enseñado que muchas de las dificultades que aparecen en consulta no tienen que ver únicamente con lo que una persona piensa sobre sí misma, sino también con los mensajes que ha aprendido a escuchar desde pequeña.

Y precisamente por eso, hoy quiero hablar de algo que observo con frecuencia en consulta: la manera en la que hablamos de nuestro propio cuerpo delante de nuestros hijos e hijas.

“Estoy demasiado gordo”, “qué mal me queda esto”, “tengo que adelgazar”

Son frases que podemos decir casi sin pensar.

Quizás delante del espejo. Mientras nos probamos ropa. Después de unas vacaciones. Al ver una fotografía. Cuando nos ponemos un pantalón que antes nos quedaba diferente.

A veces incluso las decimos en tono de broma.

Pero nuestros hijos e hijas están escuchando.

Y no solo escuchan las palabras. También observan nuestra expresión, nuestra relación con la comida, cómo nos miramos al espejo, cómo hablamos de otras personas, cómo escogemos la ropa o cómo reaccionamos cuando nuestro cuerpo cambia.

Como psicóloga en Viladecans, cuando trabajo cuestiones relacionadas con autoestima e imagen corporal, considero fundamental ampliar la mirada. No se trata únicamente de preguntar a un niño, una niña o un adolescente “¿te gusta tu cuerpo?”. También necesitamos preguntarnos qué mensajes ha recibido sobre los cuerpos a lo largo de su vida.

Porque antes de aprender a juzgar su propio cuerpo, probablemente alguien les habrá enseñado, de forma directa o indirecta, qué cuerpos se consideran aceptables y cuáles no.

Nuestros hijos no necesitan padres y madres que amen su cuerpo todos los días

A veces pensamos que para transmitir una imagen corporal saludable tenemos que conseguir algo muy difícil: mirarnos al espejo y sentirnos completamente satisfechos con nuestro cuerpo en todo momento.

No es necesario.

Las personas adultas también podemos tener inseguridades. Podemos tener días en los que no nos guste cómo nos queda una determinada ropa o en los que nos cueste aceptar algún cambio físico.

La cuestión no es no tener inseguridades.

La cuestión es qué hacemos con ellas y qué lugar ocupan en nuestra vida.

No es lo mismo decir:

“Estoy horrible. No puedo salir así.”

que decir:

“Hoy no me siento especialmente cómodo/a con esta ropa. Voy a buscar otra con la que me encuentre mejor.”

En la primera frase estamos asociando nuestro valor o nuestra posibilidad de mostrarnos al mundo con nuestra apariencia.

En la segunda estamos expresando una preferencia sin convertir nuestro cuerpo en un problema.

Como psicóloga, una de las cosas que más intento trabajar es precisamente esta diferencia: no necesitamos sentirnos perfectos para tratar nuestro cuerpo con respeto.

Lo que decimos de nuestro cuerpo puede convertirse en la voz interior de nuestros hijos

Durante la infancia y la adolescencia, las personas construimos buena parte de la imagen que tenemos de nosotras mismas a partir de lo que vemos y escuchamos a nuestro alrededor.

Por eso, cuando una madre dice constantemente que está gorda, un padre habla continuamente de que tiene que perder peso, o cualquier persona adulta hace comentarios despectivos sobre su propio cuerpo, ese mensaje puede terminar interiorizándose.

Y no necesariamente porque el niño o la niña piense exactamente lo mismo.

Puede aparecer algo más sutil:

“Si mi madre cree que estar gorda es algo malo, ¿qué pasará si yo engordo?”

“Si mi padre siempre está preocupado por su barriga, ¿yo también debería preocuparme por la mía?”

“Si en casa hablamos de alimentos que engordan como si fueran peligrosos, ¿tendré que controlar lo que como?”

Como psicóloga en Viladecans, considero especialmente importante prestar atención a estos mensajes porque muchas veces se transmiten con buena intención. Queremos cuidar nuestra salud, queremos enseñar hábitos saludables o simplemente estamos expresando una inseguridad que llevamos años arrastrando.

Pero nuestros hijos e hijas pueden interpretar algo diferente.

También escuchan cómo hablamos de los cuerpos de otras personas

La educación sobre la imagen corporal no ocurre únicamente cuando hablamos de nuestro propio cuerpo.

También ocurre cuando hacemos comentarios sobre el cuerpo de otras personas.

“Qué delgada está.”

“Ha engordado muchísimo.”

“Antes estaba más guapo.”

“Con unos kilos menos estaría mucho mejor.”

“Esa ropa no le queda bien por su cuerpo.”

Aunque pensemos que estamos haciendo un comentario inocente, nuestros hijos están aprendiendo.

Aprenden que los cuerpos pueden ser evaluados.

Que podemos opinar sobre ellos.

Que determinados cuerpos reciben aprobación y otros críticas.

Y, poco a poco, pueden comenzar a mirar su propio cuerpo desde fuera, como si también estuviera permanentemente expuesto a la valoración de los demás.

Por eso, cuando una familia me pregunta cómo puede ayudar a mejorar la autoestima de su hijo o hija, una de las primeras cosas que planteo es observar qué lugar ocupa el físico en las conversaciones familiares.

La comida tampoco debería convertirse en una batalla contra el cuerpo

Otro aspecto que observo habitualmente es la relación entre imagen corporal y alimentación.

No significa que no debamos hablar de alimentación saludable. Al contrario: enseñar a niños, niñas y adolescentes a cuidar su alimentación forma parte de su bienestar.

Pero podemos hacerlo sin convertir la comida en una fuente constante de culpa.

Frases como “esto engorda”, “esto no puedo comerlo”, “mañana tengo que compensar”, “me he pasado” o “esto me lo he ganado porque hoy he hecho ejercicio” pueden transmitir una relación complicada entre comida, cuerpo y merecimiento.

En este sentido, como psicóloga en Viladecans, creo que es importante que las familias puedan hablar de alimentación desde el cuidado y no desde el castigo.

Comer no debería convertirse en una prueba de fuerza de voluntad.

Y nuestro cuerpo no debería convertirse en el resultado de una evaluación diaria.

¿Qué podemos hacer desde casa?

No necesitamos cambiar nuestra manera de hablar de un día para otro. Podemos empezar con pequeños cambios.

1. Hablar del cuerpo desde la funcionalidad

En lugar de centrarnos constantemente en cómo se ve nuestro cuerpo, podemos hablar también de lo que nos permite hacer.

“Mis piernas me permiten caminar.”

“Mis brazos me permiten abrazarte.”

“Estoy cansado/a y necesito descansar.”

Esto ayuda a ampliar la mirada y a entender el cuerpo como algo más que una imagen.

2. Evitar clasificar los cuerpos

Intentemos reducir los comentarios que colocan los cuerpos en categorías de “mejor” o “peor”.

No necesitamos decir que una persona está “mejor” porque ha adelgazado ni que está “peor” porque ha engordado.

Los cambios corporales forman parte de la vida.

3. Revisar nuestro propio lenguaje

Podemos preguntarnos:

¿Qué digo cuando me miro al espejo?

¿Qué digo después de comer?

¿Cómo hablo de otras personas?

¿Qué comentarios hago cuando me pruebo ropa?

A veces esta pequeña revisión resulta mucho más reveladora de lo que imaginamos.

4. Enseñar que el cuerpo puede cambiar

Especialmente durante la adolescencia, el cuerpo cambia muchísimo.

Crece, se transforma, aparecen nuevas formas y características físicas y puede resultar difícil reconocerse.

Necesitamos transmitir que cambiar no significa estar peor.

El cuerpo adolescente no tiene que parecerse al cuerpo infantil, ni tampoco al cuerpo de otras personas de su misma edad.

5. Hablar de los mensajes que reciben fuera de casa

No podemos controlar todo lo que nuestros hijos e hijas escuchan.

Van al colegio, utilizan redes sociales, ven publicidad, hablan con amistades y reciben constantemente mensajes sobre cómo “debería” ser un cuerpo.

Pero sí podemos ofrecerles un espacio donde puedan cuestionarlos.

Podemos preguntarles:

“¿Qué opinas de lo que acabas de ver?”

“¿Crees que todos los cuerpos tienen que ser así?”

“¿Cómo te hace sentir ese contenido?”

De esta manera no intentamos protegerles aislándoles de todos los mensajes, sino que les ayudamos a desarrollar una mirada crítica.

No se trata de hacerlo perfecto

Quiero insistir especialmente en esto.

Si alguna vez has hablado mal de tu cuerpo delante de tus hijos, no significa que hayas hecho un daño irreversible.

Las familias no necesitan ser perfectas.

Necesitan poder revisar, reparar y aprender.

Podemos equivocarnos y también podemos decir:

“Antes hablaba mucho de que no me gustaba mi cuerpo. Estoy intentando cambiarlo porque no quiero que pensemos que nuestro cuerpo tiene que ser perfecto para estar bien.”

Ese tipo de conversación también educa.

De hecho, puede ser una oportunidad extraordinaria para enseñar que cambiar una forma de pensar es posible.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, considero que una relación saludable con el propio cuerpo no consiste en mirarse todos los días y pensar “me encanta lo que veo”. Consiste en poder mirarse y pensar: “Este es mi cuerpo y merece respeto, incluso los días en los que no me gusta especialmente.”

Y ese es uno de los mensajes más valiosos que podemos transmitir a nuestros hijos e hijas.

Si quieres trabajar la autoestima y la imagen corporal, puedo acompañarte

Cuando la preocupación por el cuerpo empieza a ocupar demasiado espacio, aparecen comparaciones constantes, rechazo hacia la propia imagen, culpa alrededor de la comida o una autoestima excesivamente ligada al aspecto físico, pedir ayuda psicológica puede ser un paso importante.

En consulta trabajo desde una mirada cercana y adaptada a cada persona, teniendo en cuenta su edad, su contexto familiar, sus experiencias y las dificultades que está atravesando.

Si eres madre, padre o familiar y te preocupa la relación que tu hijo o hija está construyendo con su cuerpo, también podemos trabajar juntos para entender qué está ocurriendo y encontrar herramientas para acompañarle sin aumentar la presión.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, y atiendo en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans a población infantil, juvenil y adulta.

Si sientes que ha llegado el momento de pedir ayuda, puedes agendar una cita conmigo y empezar a trabajar en ello.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: PRIMEROS SÍNTOMAS DE UN TCA

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans explicando los síntomas de un TCA y las primeras señales de alerta relacionadas con la alimentación, el cuerpo y la autoestima.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y trabajo como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención clínica en la Universitat Ramon Llull y posteriormente cursé el Máster Universitario en Psicología Jurídica y el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, ambos en la VIU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones y en diferentes contextos clínicos y sociales. Mi formación también incluye prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva y primeros auxilios psicológicos, entre otras especializaciones. Desde mi experiencia en consulta, hay algo que he aprendido y que considero fundamental cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria: el primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida.

Cuando pensamos en un TCA, solemos mirar demasiado pronto al plato

Cuando alguien escucha hablar de un trastorno de la conducta alimentaria, es habitual que piense inmediatamente en comida: dejar de comer determinados alimentos, contar calorías, darse atracones, vomitar después de comer o preocuparse excesivamente por el peso.

Y, efectivamente, estas conductas pueden formar parte de un TCA. Pero cuando acompaño a una persona en consulta, muchas veces encuentro que la dificultad empezó bastante antes de que aparecieran cambios evidentes en su alimentación.

A veces empezó con una necesidad intensa de control.

O con una sensación de no ser suficiente.

Con una comparación constante con otras personas.

Con una autoestima cada vez más vinculada al aspecto físico.

Con la dificultad para gestionar determinadas emociones.

Con una relación complicada con el propio cuerpo.

Por eso, como psicóloga en Viladecans, cuando observo posibles síntomas de TCA no me centro únicamente en qué come una persona. También intento comprender qué está ocurriendo en su mundo emocional, familiar, social y personal.

El control puede ser una de las primeras señales

Una de las señales que considero especialmente importantes es la necesidad creciente de control.

Hay personas que comienzan a establecer pequeñas reglas alrededor de la alimentación. Al principio pueden parecer inocentes: eliminar un alimento concreto, evitar cenar fuera, pesarse con frecuencia o empezar a controlar determinadas cantidades.

El problema aparece cuando estas reglas empiezan a ocupar cada vez más espacio mental.

La persona puede sentir que necesita cumplirlas para estar tranquila. Puede experimentar culpa si se las salta o ansiedad ante situaciones en las que no puede controlar qué va a comer.

Desde fuera quizá todavía no parezca que exista un problema grave.

Sin embargo, internamente puede estar ocurriendo algo importante.

Cuando la alimentación empieza a determinar el estado de ánimo, la vida social o la percepción que alguien tiene de sí mismo, merece la pena prestar atención.

La autoestima puede empezar a depender del cuerpo

Otra señal que observo en consulta tiene que ver con la autoestima.

Cuando una persona comienza a sentir que su valor depende de cómo se ve, de cuánto pesa o de cómo encaja en determinados cánones estéticos, su relación con el cuerpo puede volverse progresivamente más rígida.

«Hoy me veo fatal».

«He engordado».

«No puedo ponerme esta ropa».

«Cuando consiga adelgazar, estaré mejor».

«Si como esto, voy a estropearlo todo».

Estas frases pueden parecer comentarios cotidianos, pero cuando se repiten constantemente y empiezan a condicionar la vida de una persona, pueden estar expresando un malestar más profundo.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, los síntomas relacionados con un TCA los entiendo dentro de un contexto mucho más amplio: autoestima, emociones, pensamientos, relaciones, autoconcepto y circunstancias vitales.

Dejar de disfrutar también puede ser una señal

Hay otra cuestión que considero especialmente relevante: qué cosas está dejando de hacer la persona.

Quizá antes disfrutaba de quedar con sus amistades y ahora evita restaurantes.

Quizá participaba en celebraciones familiares y ahora siente ansiedad cuando hay comida de por medio.

Quizá le gustaba hacer deporte y ahora siente que tiene que entrenar obligatoriamente.

Quizá antes se vestía sin darle demasiadas vueltas y ahora pasa mucho tiempo intentando esconder determinadas partes de su cuerpo.

Cuando las preocupaciones relacionadas con la comida, el ejercicio o la imagen corporal comienzan a limitar la vida cotidiana, no deberíamos esperar a que la situación sea extrema para pedir ayuda.

Un TCA no se define únicamente por lo que una persona come. También puede observarse en todo aquello que empieza a dejar de hacer por miedo, culpa, vergüenza o necesidad de control.

La comparación constante puede alimentar el problema

Vivimos en un entorno en el que la comparación es muy fácil.

Redes sociales, fotografías editadas, contenidos sobre alimentación, rutinas de ejercicio, mensajes sobre cuerpos «ideales»… Todo ello puede influir en la forma en la que una persona se relaciona con su propio cuerpo.

No significa que las redes sociales sean la causa directa de un TCA. Pero sí pueden convertirse en un factor que aumente determinadas preocupaciones, especialmente cuando existe vulnerabilidad previa.

En consulta, me interesa saber qué ocurre después de que alguien pasa tiempo viendo determinados contenidos.

¿Se siente peor con su cuerpo?

¿Comienza a compararse?

¿Siente que debería cambiar?

¿Aumenta su necesidad de controlar la alimentación?

¿Empieza a evitar determinados alimentos?

Cuando como psicóloga en Viladecans valoro los síntomas de un TCA, estas preguntas pueden ayudarme a entender mejor qué función están cumpliendo determinadas conductas y qué factores están manteniendo el malestar.

No todo se ve desde fuera

Una de las ideas que más me gustaría transmitir es que una persona puede estar sufriendo un TCA aunque su entorno no lo perciba.

El sufrimiento psicológico no siempre es visible.

Puede haber personas que continúen estudiando, trabajando, quedando con amistades y aparentemente llevando una vida normal mientras dedican una enorme cantidad de energía mental a la comida, al cuerpo o al peso.

Por eso considero importante evitar comentarios como «pero si estás bien», «no parece que tengas ningún problema» o «solo tienes que comer».

La intención puede ser buena, pero este tipo de respuestas pueden hacer que la persona se sienta incomprendida y tenga todavía más dificultades para pedir ayuda.

¿Qué otros síntomas deberían hacernos estar alerta?

No existe un único síntoma que permita determinar por sí mismo que una persona tiene un TCA. Sin embargo, hay cambios que pueden justificar una valoración profesional:

  • Preocupación excesiva por el peso, el cuerpo o la alimentación.
  • Evitación progresiva de determinados alimentos o situaciones sociales.
  • Necesidad constante de compensar después de comer.
  • Ejercicio vivido desde la obligación o la culpa.
  • Atracones o sensación de pérdida de control al comer.
  • Comer a escondidas.
  • Pesarse o comprobar el cuerpo de manera repetitiva.
  • Sentir culpa, ansiedad o vergüenza después de comer.
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios.
  • Aislamiento social relacionado con la comida.
  • Cambios de humor, irritabilidad o preocupación constante.
  • Dificultades para concentrarse debido a pensamientos relacionados con alimentación o imagen corporal.

Estos indicadores no equivalen automáticamente a un diagnóstico. Precisamente por eso, ante la aparición de varias señales, considero importante consultar con profesionales especializados y realizar una valoración individualizada.

Pedir ayuda no significa esperar a estar en el límite

Uno de los errores que encuentro con frecuencia es pensar que hay que esperar a que el problema sea «lo suficientemente grave».

No.

No es necesario esperar a que una persona haya perdido mucho peso, haya dejado completamente de comer o sufra consecuencias físicas importantes para pedir ayuda.

Cuanto antes se detecta una dificultad, más posibilidades existen de intervenir sobre ella antes de que se consolide y afecte a más áreas de la vida.

Además, detrás de una conducta alimentaria problemática puede haber diferentes necesidades y experiencias. Por eso, en terapia no se trata simplemente de decirle a alguien qué debería comer.

Necesitamos comprender qué está ocurriendo y qué función cumple esa conducta para esa persona.

Como profesional, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro, sin juicios, en el que podamos hablar de aquello que quizá cuesta explicar incluso a las personas más cercanas.

Como psicóloga, miro más allá de la comida

Cuando alguien llega a consulta y me dice «creo que tengo un problema con la comida», mi primera pregunta no es únicamente qué está comiendo.

Quiero conocer cómo se siente.

Qué piensa de sí mismo o de sí misma.

Cómo se relaciona con su cuerpo.

Qué está ocurriendo en su entorno.

Qué emociones le resultan más difíciles de manejar.

Qué ha cambiado últimamente.

Y, sobre todo, cuánto espacio está ocupando todo esto en su vida.

Para mí, esta mirada es fundamental. Porque detrás de un comportamiento relacionado con la alimentación puede existir ansiedad, inseguridad, perfeccionismo, dificultades emocionales, experiencias vitales difíciles, presión social, problemas de autoestima u otras circunstancias que necesitan ser atendidas.

Por eso, cuando hablo de síntomas de TCA desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, insisto en que debemos mirar más allá de la comida. El objetivo no es únicamente modificar una conducta, sino comprender a la persona que hay detrás y acompañarla en la recuperación de una relación más saludable consigo misma.

Si algo de esto te resulta familiar, podemos hablarlo

Si tú, tu hijo, tu hija, tu pareja o alguien cercano está empezando a mostrar cambios preocupantes en su relación con la alimentación, el cuerpo o el ejercicio, no hace falta esperar a que el problema vaya a más para consultar.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarte en una primera valoración para comprender qué está ocurriendo y determinar qué tipo de intervención puede ser la más adecuada en cada caso. Si después de leer este artículo te has reconocido en alguno de estos síntomas de TCA, pedir ayuda puede ser un primer paso importante.

No tienes que llegar al límite para merecer atención.

Puedes agendar una cita conmigo y empezar a hablar de aquello que te preocupa en un espacio profesional, cercano y sin juicios.

Soy Laia Montero Gascó, psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y estaré encantada de acompañarte.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
Comer para llenar un acío emocional: psicología en Viladecans

Comer para llenar un acío emocional: psicología en Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: COMER PARA LLENAR UN VACÍO EMOCIONAL

Tratamiento para el uso de comida como vía de escape para llenar el vacío emocional

La comida como respuesta al vacío emocional: comprender su significado psicológico desde la consulta en Viladecans.

Soy Laia Montero Gascó, psicóloga sanitaria en el centro Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención clínica por la Universitat Ramon Llull y posteriormente realicé el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria y el Máster en Psicología Jurídica en la VIU. A lo largo de mi recorrido profesional he seguido ampliando mi formación en ámbitos como la prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva, los primeros auxilios psicológicos en violencia sexual, el abordaje clínico de conductas sexuales problemáticas o la aplicación de nuevas herramientas terapéuticas. He trabajado en diferentes dispositivos clínicos y psicosociales en Barcelona y el Baix Llobregat, acompañando a población infantil, juvenil y adulta, así como a personas con problemáticas de adicciones. Desde esta experiencia, hoy quiero hablarte de una realidad muy frecuente en consulta: la relación entre el vacío emocional y el uso de la comida como forma de alivio.

Cuando la comida se convierte en una respuesta emocional

En mi consulta como psicóloga en Viladecans, muchas personas llegan con una sensación de confusión y malestar que no siempre saben explicar. Dicen que comen sin hambre, que recurren a la comida cuando se sienten nerviosas, tristes o solas, o que sienten que “algo falta” y no saben qué es. En estos casos, no estamos ante un problema de falta de control, sino ante una respuesta emocional aprendida.

Cuando hablo del vacío emocional que algunas personas intentan llenar con la comida en Viladecans, me refiero a una experiencia interna de desconexión o carencia afectiva que encuentra en la comida una forma rápida de alivio. La comida deja de ser solo alimento y pasa a cumplir una función emocional muy concreta.

¿Qué es el vacío emocional?

El vacío emocional no es una emoción específica ni un diagnóstico clínico, sino una vivencia subjetiva profunda. En consulta, mujeres y hombres lo describen como una sensación de insatisfacción constante, de no sentirse plenamente conectadas o conectados consigo mismos o con su entorno.

Desde mi experiencia clínica, este vacío suele aparecer cuando:

– Las necesidades emocionales no han sido suficientemente atendidas.

– Se ha aprendido a priorizar a las demás personas por encima de una misma o uno mismo.

– Ha habido experiencias de pérdida, rechazo o inseguridad afectiva.

– Existe dificultad para identificar y expresar lo que se siente.

En estos casos, el vacío emocional relacionado con la comida en Viladecans no surge de forma casual, sino como una estrategia de regulación emocional que se consolida con el tiempo.

¿Por qué la comida calma el malestar emocional?

A nivel psicológico y neurobiológico, comer —especialmente determinados alimentos— activa sensaciones de placer y calma. Durante unos minutos, la persona puede sentir alivio, distracción o incluso consuelo. El problema es que este efecto es pasajero y no resuelve el origen del malestar.

Como psicóloga en Viladecans con experiencia en casos donde el vacío emocional se expresa a través de la comida, observo con frecuencia un patrón repetido:

1. Aparece una emoción difícil o una sensación interna de vacío.

2. La persona recurre a la comida para aliviar ese malestar.

3. Llega un alivio momentáneo.

4. Aparecen culpa, vergüenza o autorreproche.

5. El vacío emocional vuelve a intensificarse.

Este ciclo mantiene el problema y refuerza la asociación entre vacío emocional y comida en personas de Viladecans, generando una relación cada vez más conflictiva con la alimentación.

Autoexigencia, culpa y vacío emocional

Muchas de las personas que acompañó en consulta presentan niveles elevados de autoexigencia. Son personas responsables, comprometidas y muy críticas consigo mismas. Les cuesta permitirse el error, el descanso o la vulnerabilidad.

En este contexto, la comida puede convertirse en uno de los pocos espacios donde se “afloja” el control. Sin embargo, este alivio suele ir seguido de culpa, lo que incrementa el malestar y refuerza el vacío emocional que se intenta compensar con la comida en Viladecans. Trabajar el diálogo interno y la autocompasión resulta clave en el proceso terapéutico.

El origen suele estar en la historia personal

Aunque el problema con la comida aparezca en la edad adulta, en la mayoría de los casos el origen se sitúa en etapas tempranas. Como psicóloga juvenil y de adultos, he podido comprobar cómo muchas conductas actuales tienen sentido cuando se entienden desde la historia emocional de cada persona.

Algunas personas aprendieron desde pequeñas o pequeños que la comida era una forma de consuelo o calma. Otras crecieron en entornos donde las emociones no tenían espacio. En estos casos, el vacío emocional que hoy se manifiesta a través de la comida en Viladecans es una respuesta aprendida ante la falta de recursos emocionales.

Señales que indican que conviene pedir ayuda

No es necesario presentar un trastorno de la conducta alimentaria para sufrir por esta relación con la comida. Muchas personas conviven durante años con este malestar sin atreverse a pedir ayuda.

Conviene consultar cuando:

– Se come principalmente para regular emociones y no hambre física.

– Aparece sensación de pérdida de control.

– Hay culpa o vergüenza después de comer.

– El pensamiento gira constantemente en torno a la comida o al cuerpo.

– Se experimenta un vacío emocional persistente.

Desde la psicología sanitaria, el abordaje del vacío emocional y la comida en Viladecans permite trabajar estas dificultades de forma profunda y respetuosa.

¿Cómo trabajo este proceso en terapia?

El trabajo terapéutico no se centra en controlar la comida, sino en comprender qué función cumple. Desde mi enfoque como psicóloga en Viladecans, acompaño a la persona a identificar sus emociones, necesidades y patrones relacionales.

En terapia abordamos:

– La identificación y validación emocional.

– La historia personal y vincular.

– La relación con el cuerpo y la autoimagen.

– El desarrollo de recursos de regulación emocional.

Trabajar el vacío emocional que se intenta llenar con comida en Viladecans implica aprender a escuchar el malestar en lugar de silenciarlo.

Te invito a dar el paso para tratar la relación entre la comida y el vacío emocional

Si te has sentido identificada o identificado con lo que has leído, quiero transmitirte un mensaje claro: comer para llenar un vacío emocional no es un fallo personal, sino una señal de que algo necesita ser atendido.

Desde mi consulta en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, ofrezco un espacio profesional, cercano y seguro donde trabajar el vacío emocional y su relación con la comida, respetando tu ritmo y tu historia. Te invito a agendar una cita conmigo y dar el primer paso hacia una relación más amable contigo y con tus emociones.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).

Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».

El rol de la familia en la recuperación de la anoreia y bulimia: ¿Ayudan o agraan la situación?

El rol de la familia en la recuperación de la anoreia y bulimia: ¿Ayudan o agraan la situación?

Imagen que ilustra el artículo del blog sobre el rol de la familia en la recuperación de la anorexia y bulimia en Viladecans.

Soy María Jesús, terapeuta familiar sistémica en el centro Serveis Atenció Terapèutica, donde acompaño a familias y pacientes en su proceso de recuperación de trastornos como la anorexia y bulimia en Viladecans.

Cuento con un máster en Terapia Familiar Sistémica y una diplomatura en Educación Social, además de formación complementaria en áreas como la Ética del Cuidado, la mediación de conflictos y la violencia de género.

Mi enfoque se basa en un profundo compromiso con el bienestar emocional y relacional, y he trabajado en diversos contextos en el tratamiento de anorexia y bulimia en Viladecans, e incluyendo la intervención con colectivos en riesgo de exclusión social y en proyectos de formación laboral en colaboración con ayuntamientos.

Cuando trabajamos con pacientes que enfrentan anorexia y bulimia en Viladecans, un factor clave es entender cómo el entorno familiar puede influir en su recuperación. La familia puede ser un pilar fundamental en el proceso de sanación, pero también puede, sin querer, convertirse en un obstáculo.

¿Cómo puede ayudar la familia?

Primero, es esencial reconocer el poder del apoyo emocional. La comprensión y el aliento constante de los familiares pueden proporcionar una base sólida sobre la cual el paciente puede comenzar a recuperarse. En muchos casos de anorexia y bulimia en Viladecans, los pacientes se sienten atrapados en un ciclo de vergüenza y soledad, lo que hace que se aíslen. Aquí es donde el papel de la familia se vuelve crucial: el apoyo incondicional, sin críticas ni presiones, puede ser el factor que ayude al paciente a sentirse comprendido y acompañado, creando un espacio seguro para expresar sus emociones.

Las conversaciones abiertas y el compromiso genuino de los seres queridos son claves para romper el aislamiento que a menudo acompaña a la anorexia y bulimia. He trabajado con muchas familias en Viladecans donde simplemente escuchar sin emitir juicios ha sido el primer paso para que el paciente se sienta seguro como para empezar a abordar su trastorno alimentario. Es importante que la familia adopte una actitud de escucha activa, prestando atención no solo a las palabras, sino también a las emociones que puedan subyacer en ellas.

Además, la familia puede colaborar en la creación de un entorno positivo y saludable. Esto incluye facilitar una comunicación abierta y sin juicios sobre la alimentación y la imagen corporal, evitando comentarios que puedan reforzar ideas distorsionadas sobre el peso o la comida. En mi práctica, he visto cómo el enfoque familiar puede marcar una gran diferencia en la motivación y la estabilidad emocional del paciente. Por ejemplo, muchas veces animo a las familias a que cambien la dinámica en torno a las comidas, convirtiéndolas en momentos de conexión, algo que he comprobado que tiene efectos positivos en pacientes con anorexia y bulimia en Viladecans.

Otro aspecto importante es el rol de la familia en la creación de límites saludables. En ocasiones, los pacientes pueden necesitar que sus seres queridos establezcan ciertos límites para evitar conductas que perpetúen la enfermedad, como saltarse comidas o hacer ejercicio de manera compulsiva. Sin embargo, estos límites deben ser implementados de manera cuidadosa y en colaboración con el equipo terapéutico. De este modo, el paciente no sentirá que se le está controlando o castigando, sino que se le está ayudando a protegerse.

Finalmente, la familia también puede servir de puente entre el paciente y el tratamiento de anorexia y bulimia en Viladecans. He visto en Viladecans cómo algunas familias se han convertido en un apoyo esencial, animando a sus seres queridos a continuar con la terapia, asistir a las sesiones y seguir las recomendaciones del equipo médico.

Infografía que muestra cómo la familia puede ayudar en la recuperación de la anorexia y bulimia en Viladecans. Incluye consejos clave como brindar apoyo emocional, fomentar una comunicación abierta, evitar presiones sobre el peso y colaborar con el equipo terapéutico para crear un entorno seguro y de apoyo durante el tratamiento del trastorno alimentario.

¿Qué ocurre cuando la familia agrava la situación?

Por otro lado, es importante ser consciente de que ciertos comportamientos familiares pueden complicar la recuperación. En muchos casos de anorexia y bulimia en Viladecans, los pacientes ya están lidiando con una fuerte autoexigencia, una percepción distorsionada de su cuerpo y sentimientos de culpa. Cuando la familia, de manera no intencionada, añade presión sobre el peso o la alimentación, esto puede agravar significativamente la situación. Comentarios como «deberías comer más» o «estás muy delgado/a» pueden parecer inofensivos, pero pueden intensificar la ansiedad y reforzar las conductas poco saludables.

He visto a menudo en mi práctica cómo las críticas constantes, ya sea sobre la apariencia o sobre los hábitos alimenticios, generan un profundo impacto emocional en los pacientes con anorexia y bulimia en Viladecans.

Otra dinámica común que he observado es la falta de comprensión acerca de la complejidad del trastorno. A veces, las familias ven la anorexia y bulimia simplemente como problemas de alimentación, cuando en realidad son trastornos profundamente arraigados en el ámbito emocional y psicológico.

En algunos casos, esta incomprensión también puede llevar a los familiares a culpar al paciente, considerándolo responsable de su situación. Este tipo de culpas, complican el proceso de recuperación, ya que el paciente puede interiorizar aún más la sensación de que no es digno de apoyo.

Por eso, es vital que las familias aprendan a comunicar sus preocupaciones de manera constructiva y respetuosa. En Serveis Atenció Terapèutica, trabajamos con las familias para que puedan expresar sus inquietudes sin caer en dinámicas críticas o de control. Es fundamental que la familia se involucre en el tratamiento de la anorexia y bulimia en Viladecans de forma colaborativa, reconociendo que ellos también forman parte del proceso de sanación.

¿Qué pueden hacer los familiares para mejorar la situación?

La educación es clave. Entender la naturaleza de la anorexia y bulimia en Viladecans, así como sus implicaciones emocionales y físicas, puede equipar a los familiares con las herramientas necesarias para apoyar a sus seres queridos. Es fundamental que la familia comprenda que estos trastornos no son simplemente una cuestión de comida o peso, sino que están profundamente conectados con factores emocionales, psicológicos y sociales.

Además de informarse sobre el tema, recomiendo a las familias que se impliquen activamente en el proceso terapéutico. Participar en sesiones familiares, cuando sea apropiado, permite que todos los miembros del núcleo familiar comprendan el rol que juegan en la recuperación.

Otra forma en que la familia puede mejorar la situación es colaborando con el equipo de tratamiento para abordar cualquier dificultad que pueda surgir. Esta colaboración es esencial para ajustar el tratamiento según sea necesario y para asegurar que el entorno familiar sea un apoyo constante.

Por último, es crucial que las familias cuiden también de su propio bienestar emocional. Enfrentar un trastorno alimentario como la anorexia o bulimia puede ser agotador para todos los involucrados. Es por eso que también fomentamos que los familiares busquen apoyo terapéutico si lo necesitan, para que puedan gestionar mejor su propio estrés y emociones en el tratamiento de anorexia y bulimia en Viladecans

Recursos para saber más sobre el apoyo familiar en la anorexia y la bulimia

Para quienes estéis interesados en profundizar sobre el papel de la familia en la recuperación de la anorexia la bulimia y su tratamiento, existen varios recursos útiles.

Entre los libros recomendados está «Cuando la comida sustituye al amor» de Geneen Roth, que ofrece una reflexión profunda sobre las emociones detrás de los trastornos alimentarios.

En cuanto a recursos online, la página web de la Academia para los Trastornos de la Alimentación ofrece guías y herramientas para familiares y para el tratamiento de anorexia y bulimia en Viladecans

Por último, te comparto este vídeo donde la psicóloga Montse Sánchez explica cómo afrontar un Trastorno de la Conducta Alimentaria en la adolescencia:

¿Buscas una profesional para tratamiento de anorexia y bulimia en Viladecans?

Si te encuentras en Viladecans y estás buscando ayuda para superar la anorexia o la bulimia, no dudes en contactarme. En Serveis Atenció Terapèutica, estamos aquí para ofrecer apoyo integral tanto al paciente como a su familia. Te invito a agendar una cita conmigo para explorar cómo podemos trabajar juntos en la recuperación y en el fortalecimiento de tu red de apoyo.

Recuerda, no tienes que enfrentar esto solo. Estamos aquí para ayudarte en cada paso del camino. ¡Contáctanos hoy y da el primer paso hacia una recuperación positiva y duradera!

María Jesús Tomás Zamudio

Terapeuta Familiar Sistémica/Asesora en Violencia de género/Técnica en adicciones tecnológicas/Educadora Social/Docente

Máster en Terapia Familiar Sistémica.
Diplomatura en Educación social.

Experiencia Laboral
  • Terapeuta en Serveis d’Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Experiencia en proyectos formativo-laborales con colectivos en riesgo de exclusión social (Ayuntamiento de Viladecans).
Formación complementaria
  • Formación con Carmen Boó en la Ética del Cuidado.
  • Técnicas de Mediación de Conflictos, Autoestima,Introducción a la Gestalt y otros cursos de Crecimiento Personal.
  • Curso de Mediación Juvenil por la Diputación de Barcelona y el Consell Comarcal.
  • Formación en Violencia de Género.
  • Formación inicial en Constelaciones familiares.
  • Curso experto en adicciones tecnológicas.
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