No todo malestar necesita una razón enorme para ser álido | Psicología Viladecans

No todo malestar necesita una razón enorme para ser álido | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: VALIDAR EL MALESTAR

No todo malestar necesita una razón enorme para ser válido | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans reflexiona sobre el malestar emocional y su validación

Soy Beatriz Fraga, psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Soy graduada en Psicología por la UOC y cuento con un Máster en Psicología Forense y Criminal por la Universitat de Barcelona, además de una especialización universitaria en intervención con víctimas de violencia de género y agresores de pareja por la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

A lo largo de mi trayectoria profesional también me he formado en prevención y abordaje de diferentes formas de violencia, especialmente en violencia sexual en población joven, acoso sexual y por razón de sexo y violencia machista desde una perspectiva socioeducativa. Actualmente ejerzo como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica, en Viladecans

Desde mi experiencia acompañando a personas en consulta, hay algo que observo con mucha frecuencia: la necesidad de encontrar una explicación suficientemente grande para justificar que estamos mal.

A veces escucho frases como: “No sé por qué estoy así, si realmente no me ha pasado nada”, “Hay personas que lo están pasando mucho peor” o “Quizá estoy exagerando”.

Y precisamente ahí me gustaría detenerme.

Porque no todo malestar necesita una razón enorme para ser válido.

“No me ha pasado nada grave, pero no estoy bien”

Vivimos con la idea de que nuestras emociones necesitan una causa evidente para estar justificadas.

Si hemos perdido a alguien, entendemos que podamos estar tristes. Si hemos terminado una relación, comprendemos que podamos sentir dolor. Si hemos sufrido una situación traumática, nadie cuestiona que necesitemos tiempo para recuperarnos.

Pero ¿qué ocurre cuando no podemos señalar un acontecimiento concreto?

¿Qué pasa cuando, aparentemente, todo está bien?

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, considero fundamental recordar que el malestar psicológico no siempre aparece después de un acontecimiento extraordinario. A veces se construye poco a poco, a partir de pequeñas situaciones que se acumulan: cansancio, presión, preocupaciones, conflictos, exigencias, cambios, inseguridades, sensación de no llegar a todo o simplemente una etapa vital que está siendo más difícil de lo esperado.

No necesitamos estar atravesando una crisis enorme para necesitar ayuda.

Y tampoco necesitamos demostrar que nuestro sufrimiento es suficientemente grande para merecer atención.

El malestar no es una competición

Una de las frases que más pueden dificultar que una persona pida ayuda es: “No tengo motivos para estar así”.

A menudo comparamos nuestro sufrimiento con el de otras personas.

“Tengo trabajo, tengo familia, tengo amistades, tengo salud… debería estar bien.”

Pero el bienestar emocional no funciona como una lista de cosas buenas que, una vez completada, nos obliga a sentirnos bien.

Puedes querer mucho a tu familia y sentirte agotado o agotada.

Puedes tener un trabajo que te guste y sentir ansiedad.

Puedes estar viviendo una relación sana y sentir tristeza.

Puedes tener personas que te quieren y sentirte solo o sola.

Puedes estar agradecido o agradecida por tu vida y, al mismo tiempo, estar atravesando un momento complicado.

Las emociones no se invalidan porque existan otras cosas positivas.

Por eso, cuando alguien llega a consulta y me dice que siente que “no tiene motivos suficientes” para encontrarse mal, mi objetivo no es buscar rápidamente una explicación que haga su sufrimiento más legítimo.

Primero quiero comprender qué está ocurriendo.

Validar no significa buscar culpables

Validar el malestar no significa que tengamos que encontrar inmediatamente un culpable, un diagnóstico o una causa concreta.

Tampoco significa que todo lo que sentimos sea necesariamente una representación exacta de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Significa reconocer que lo que estamos sintiendo está ocurriendo.

Si una persona siente ansiedad, esa ansiedad merece ser escuchada aunque desde fuera la situación parezca sencilla.

Si alguien se siente triste sin saber exactamente por qué, esa tristeza merece espacio.

Si una persona lleva semanas sintiéndose irritable, desconectada o sin energía, no necesitamos esperar a que ocurra algo grave para preguntarnos qué puede estar necesitando.

Como psicóloga en Viladecans, para mí una parte importante del proceso terapéutico consiste precisamente en poder acercarnos al malestar sin juzgarlo. Antes de intentar eliminarlo, necesitamos entenderlo.

A veces el cuerpo sabe antes que nosotros

También he observado que muchas personas llegan a consulta diciendo que “no les pasa nada”, mientras su cuerpo lleva tiempo dando señales.

Dificultades para dormir, tensión muscular, cansancio constante, cambios en el apetito, irritabilidad, sensación de estar siempre en alerta, problemas de concentración o necesidad de desconectar continuamente pueden ser formas en las que nuestro organismo expresa que algo no está funcionando como debería.

No significa que cada síntoma tenga necesariamente un origen psicológico. Pero sí puede ser una oportunidad para detenernos y preguntarnos cómo estamos.

A veces hemos aprendido a escuchar únicamente las señales más evidentes. Esperamos a encontrarnos realmente mal para reconocer que necesitamos parar.

Y quizá una de las formas de cuidarnos sea aprender a escuchar antes.

“Hay personas que lo están pasando peor”

Compararnos con otras personas puede convertirse en una forma muy eficaz de silenciar nuestras propias necesidades.

Siempre habrá alguien que esté atravesando una situación aparentemente más complicada. Pero eso no convierte nuestro malestar en menos importante.

El dolor no funciona mediante una clasificación.

No necesitamos ganar ninguna competición de sufrimiento para poder decir: “Esto me está afectando”.

En consulta, cuando trabajo desde esta perspectiva como psicóloga en Viladecans, intento que la persona pueda sustituir el juicio por la curiosidad.

En lugar de preguntarnos “¿Tengo motivos suficientes para estar mal?”, podemos empezar a preguntarnos:

¿Qué me está pasando?

¿Desde cuándo me siento así?

¿Qué ha cambiado últimamente?

¿Qué necesito y no estoy pudiendo atender?

¿Hay algo que estoy sosteniendo desde hace demasiado tiempo?

Estas preguntas pueden abrir mucho más espacio que la búsqueda constante de una razón “lo suficientemente grande”.

No siempre necesitamos una explicación para empezar a cuidarnos

A veces queremos entenderlo todo antes de pedir ayuda.

Pensamos que primero tenemos que identificar exactamente qué nos ocurre y después acudir a consulta.

Pero la terapia también puede servir para eso: para explorar aquello que todavía no sabemos poner en palabras.

No siempre llegamos a una primera sesión con una historia perfectamente organizada.

A veces llegamos diciendo: “No sé qué me pasa, pero no estoy bien.”

Y eso también es un punto de partida válido.

Desde mi experiencia profesional, considero que pedir ayuda no debería ser el último recurso cuando ya no podemos más. La atención psicológica también puede ser un espacio de prevención, autoconocimiento y cuidado.

No hace falta esperar a tocar fondo.

Darle un lugar al malestar puede cambiar nuestra relación con él

Cuando dejamos de luchar constantemente contra aquello que sentimos, podemos empezar a escucharlo de otra manera.

Esto no significa resignarnos al sufrimiento ni aceptar que tenemos que sentirnos mal. Significa comprender que nuestras emociones pueden proporcionarnos información sobre cómo estamos viviendo determinadas situaciones, sobre nuestras necesidades, nuestros límites y aquello que quizá llevamos demasiado tiempo ignorando.

Como psicóloga en Viladecans, creo que uno de los objetivos de la terapia es precisamente acompañar a cada persona a construir una relación más comprensiva consigo misma.

No se trata de encontrar una razón enorme que justifique cada emoción.

Se trata de poder decir:

“Esto me está afectando y puedo ocuparme de ello.”

Sin comparaciones.

Sin culpa.

Sin tener que demostrar que nuestro sufrimiento es suficientemente grande.

Porque nuestro malestar no necesita competir con el de nadie para merecer ser escuchado.

Si sientes malestar, no tienes que esperar a estar peor

Si últimamente sientes que no estás bien, pero no encuentras una explicación clara, no tienes por qué esperar a que aparezca un problema mayor para pedir ayuda.

En consulta puedo acompañarte a comprender qué está ocurriendo, poner palabras a aquello que quizá todavía resulta difícil identificar y trabajar sobre las herramientas que necesitas para afrontar este momento.

Como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, mi intención es ofrecer un espacio de escucha profesional en el que puedas hablar de lo que te preocupa sin tener que justificar previamente por qué debería importarte.

No necesitas una razón enorme para pedir ayuda. Necesitas reconocer que algo te está haciendo mal y darte permiso para atenderlo.

Si sientes que ha llegado el momento de cuidar tu bienestar emocional, puedes agendar una cita conmigo y comenzar a trabajar juntas o juntos en aquello que estás viviendo.

Beatriz Fraga

Psicóloga

Grado en Psicología (UOC)

Máster en Psicología Forense y Criminal (UB)

Especialista Universitario en Intervención  con víctimas de violencia de género y agresores de pareja (Universidad Europea Miguel de Cervantes)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis d’Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en Sentiment (Sant Vicenç dels Horts).
Formación complementaria
  • Curso «Sensibilización, prevención y herramientas contra la violencia sexual en población joven».
  • Curso «Protocolos para la prevención y abordaje del acoso sexual y por razón de sexo».
  • Curso «Violencia machista: herramientas de intervención socioeducativas».
Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: ¿CÓMO HABLAMOS DE NUESTRO CUERPO?

Lo que decimos sobre nuestro propio cuerpo también lo escuchan nuestros hijos | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans sobre cómo hablar del cuerpo influye en los hijos e hijas

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y actualmente desarrollo mi actividad profesional en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans.

Soy graduada en Psicología con mención clínica por la Universitat Ramon Llull y cuento con un Máster Universitario en Psicología General Sanitaria y un Máster Universitario en Psicología Jurídica, ambos por la VIU. A lo largo de mi trayectoria he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones, la prevención de conductas suicidas y autolesivas y diferentes contextos de intervención psicológica. Toda esta experiencia me ha enseñado que muchas de las dificultades que aparecen en consulta no tienen que ver únicamente con lo que una persona piensa sobre sí misma, sino también con los mensajes que ha aprendido a escuchar desde pequeña.

Y precisamente por eso, hoy quiero hablar de algo que observo con frecuencia en consulta: la manera en la que hablamos de nuestro propio cuerpo delante de nuestros hijos e hijas.

“Estoy demasiado gordo”, “qué mal me queda esto”, “tengo que adelgazar”

Son frases que podemos decir casi sin pensar.

Quizás delante del espejo. Mientras nos probamos ropa. Después de unas vacaciones. Al ver una fotografía. Cuando nos ponemos un pantalón que antes nos quedaba diferente.

A veces incluso las decimos en tono de broma.

Pero nuestros hijos e hijas están escuchando.

Y no solo escuchan las palabras. También observan nuestra expresión, nuestra relación con la comida, cómo nos miramos al espejo, cómo hablamos de otras personas, cómo escogemos la ropa o cómo reaccionamos cuando nuestro cuerpo cambia.

Como psicóloga en Viladecans, cuando trabajo cuestiones relacionadas con autoestima e imagen corporal, considero fundamental ampliar la mirada. No se trata únicamente de preguntar a un niño, una niña o un adolescente “¿te gusta tu cuerpo?”. También necesitamos preguntarnos qué mensajes ha recibido sobre los cuerpos a lo largo de su vida.

Porque antes de aprender a juzgar su propio cuerpo, probablemente alguien les habrá enseñado, de forma directa o indirecta, qué cuerpos se consideran aceptables y cuáles no.

Nuestros hijos no necesitan padres y madres que amen su cuerpo todos los días

A veces pensamos que para transmitir una imagen corporal saludable tenemos que conseguir algo muy difícil: mirarnos al espejo y sentirnos completamente satisfechos con nuestro cuerpo en todo momento.

No es necesario.

Las personas adultas también podemos tener inseguridades. Podemos tener días en los que no nos guste cómo nos queda una determinada ropa o en los que nos cueste aceptar algún cambio físico.

La cuestión no es no tener inseguridades.

La cuestión es qué hacemos con ellas y qué lugar ocupan en nuestra vida.

No es lo mismo decir:

“Estoy horrible. No puedo salir así.”

que decir:

“Hoy no me siento especialmente cómodo/a con esta ropa. Voy a buscar otra con la que me encuentre mejor.”

En la primera frase estamos asociando nuestro valor o nuestra posibilidad de mostrarnos al mundo con nuestra apariencia.

En la segunda estamos expresando una preferencia sin convertir nuestro cuerpo en un problema.

Como psicóloga, una de las cosas que más intento trabajar es precisamente esta diferencia: no necesitamos sentirnos perfectos para tratar nuestro cuerpo con respeto.

Lo que decimos de nuestro cuerpo puede convertirse en la voz interior de nuestros hijos

Durante la infancia y la adolescencia, las personas construimos buena parte de la imagen que tenemos de nosotras mismas a partir de lo que vemos y escuchamos a nuestro alrededor.

Por eso, cuando una madre dice constantemente que está gorda, un padre habla continuamente de que tiene que perder peso, o cualquier persona adulta hace comentarios despectivos sobre su propio cuerpo, ese mensaje puede terminar interiorizándose.

Y no necesariamente porque el niño o la niña piense exactamente lo mismo.

Puede aparecer algo más sutil:

“Si mi madre cree que estar gorda es algo malo, ¿qué pasará si yo engordo?”

“Si mi padre siempre está preocupado por su barriga, ¿yo también debería preocuparme por la mía?”

“Si en casa hablamos de alimentos que engordan como si fueran peligrosos, ¿tendré que controlar lo que como?”

Como psicóloga en Viladecans, considero especialmente importante prestar atención a estos mensajes porque muchas veces se transmiten con buena intención. Queremos cuidar nuestra salud, queremos enseñar hábitos saludables o simplemente estamos expresando una inseguridad que llevamos años arrastrando.

Pero nuestros hijos e hijas pueden interpretar algo diferente.

También escuchan cómo hablamos de los cuerpos de otras personas

La educación sobre la imagen corporal no ocurre únicamente cuando hablamos de nuestro propio cuerpo.

También ocurre cuando hacemos comentarios sobre el cuerpo de otras personas.

“Qué delgada está.”

“Ha engordado muchísimo.”

“Antes estaba más guapo.”

“Con unos kilos menos estaría mucho mejor.”

“Esa ropa no le queda bien por su cuerpo.”

Aunque pensemos que estamos haciendo un comentario inocente, nuestros hijos están aprendiendo.

Aprenden que los cuerpos pueden ser evaluados.

Que podemos opinar sobre ellos.

Que determinados cuerpos reciben aprobación y otros críticas.

Y, poco a poco, pueden comenzar a mirar su propio cuerpo desde fuera, como si también estuviera permanentemente expuesto a la valoración de los demás.

Por eso, cuando una familia me pregunta cómo puede ayudar a mejorar la autoestima de su hijo o hija, una de las primeras cosas que planteo es observar qué lugar ocupa el físico en las conversaciones familiares.

La comida tampoco debería convertirse en una batalla contra el cuerpo

Otro aspecto que observo habitualmente es la relación entre imagen corporal y alimentación.

No significa que no debamos hablar de alimentación saludable. Al contrario: enseñar a niños, niñas y adolescentes a cuidar su alimentación forma parte de su bienestar.

Pero podemos hacerlo sin convertir la comida en una fuente constante de culpa.

Frases como “esto engorda”, “esto no puedo comerlo”, “mañana tengo que compensar”, “me he pasado” o “esto me lo he ganado porque hoy he hecho ejercicio” pueden transmitir una relación complicada entre comida, cuerpo y merecimiento.

En este sentido, como psicóloga en Viladecans, creo que es importante que las familias puedan hablar de alimentación desde el cuidado y no desde el castigo.

Comer no debería convertirse en una prueba de fuerza de voluntad.

Y nuestro cuerpo no debería convertirse en el resultado de una evaluación diaria.

¿Qué podemos hacer desde casa?

No necesitamos cambiar nuestra manera de hablar de un día para otro. Podemos empezar con pequeños cambios.

1. Hablar del cuerpo desde la funcionalidad

En lugar de centrarnos constantemente en cómo se ve nuestro cuerpo, podemos hablar también de lo que nos permite hacer.

“Mis piernas me permiten caminar.”

“Mis brazos me permiten abrazarte.”

“Estoy cansado/a y necesito descansar.”

Esto ayuda a ampliar la mirada y a entender el cuerpo como algo más que una imagen.

2. Evitar clasificar los cuerpos

Intentemos reducir los comentarios que colocan los cuerpos en categorías de “mejor” o “peor”.

No necesitamos decir que una persona está “mejor” porque ha adelgazado ni que está “peor” porque ha engordado.

Los cambios corporales forman parte de la vida.

3. Revisar nuestro propio lenguaje

Podemos preguntarnos:

¿Qué digo cuando me miro al espejo?

¿Qué digo después de comer?

¿Cómo hablo de otras personas?

¿Qué comentarios hago cuando me pruebo ropa?

A veces esta pequeña revisión resulta mucho más reveladora de lo que imaginamos.

4. Enseñar que el cuerpo puede cambiar

Especialmente durante la adolescencia, el cuerpo cambia muchísimo.

Crece, se transforma, aparecen nuevas formas y características físicas y puede resultar difícil reconocerse.

Necesitamos transmitir que cambiar no significa estar peor.

El cuerpo adolescente no tiene que parecerse al cuerpo infantil, ni tampoco al cuerpo de otras personas de su misma edad.

5. Hablar de los mensajes que reciben fuera de casa

No podemos controlar todo lo que nuestros hijos e hijas escuchan.

Van al colegio, utilizan redes sociales, ven publicidad, hablan con amistades y reciben constantemente mensajes sobre cómo “debería” ser un cuerpo.

Pero sí podemos ofrecerles un espacio donde puedan cuestionarlos.

Podemos preguntarles:

“¿Qué opinas de lo que acabas de ver?”

“¿Crees que todos los cuerpos tienen que ser así?”

“¿Cómo te hace sentir ese contenido?”

De esta manera no intentamos protegerles aislándoles de todos los mensajes, sino que les ayudamos a desarrollar una mirada crítica.

No se trata de hacerlo perfecto

Quiero insistir especialmente en esto.

Si alguna vez has hablado mal de tu cuerpo delante de tus hijos, no significa que hayas hecho un daño irreversible.

Las familias no necesitan ser perfectas.

Necesitan poder revisar, reparar y aprender.

Podemos equivocarnos y también podemos decir:

“Antes hablaba mucho de que no me gustaba mi cuerpo. Estoy intentando cambiarlo porque no quiero que pensemos que nuestro cuerpo tiene que ser perfecto para estar bien.”

Ese tipo de conversación también educa.

De hecho, puede ser una oportunidad extraordinaria para enseñar que cambiar una forma de pensar es posible.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, considero que una relación saludable con el propio cuerpo no consiste en mirarse todos los días y pensar “me encanta lo que veo”. Consiste en poder mirarse y pensar: “Este es mi cuerpo y merece respeto, incluso los días en los que no me gusta especialmente.”

Y ese es uno de los mensajes más valiosos que podemos transmitir a nuestros hijos e hijas.

Si quieres trabajar la autoestima y la imagen corporal, puedo acompañarte

Cuando la preocupación por el cuerpo empieza a ocupar demasiado espacio, aparecen comparaciones constantes, rechazo hacia la propia imagen, culpa alrededor de la comida o una autoestima excesivamente ligada al aspecto físico, pedir ayuda psicológica puede ser un paso importante.

En consulta trabajo desde una mirada cercana y adaptada a cada persona, teniendo en cuenta su edad, su contexto familiar, sus experiencias y las dificultades que está atravesando.

Si eres madre, padre o familiar y te preocupa la relación que tu hijo o hija está construyendo con su cuerpo, también podemos trabajar juntos para entender qué está ocurriendo y encontrar herramientas para acompañarle sin aumentar la presión.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, y atiendo en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans a población infantil, juvenil y adulta.

Si sientes que ha llegado el momento de pedir ayuda, puedes agendar una cita conmigo y empezar a trabajar en ello.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
Cuando todo le molesta a tu hijo/a: ¿mal comportamiento o saturación? | Psicología Viladecans

Cuando todo le molesta a tu hijo/a: ¿mal comportamiento o saturación? | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: COMPORTAMIENTO INFANTIL

Cuando todo le molesta a tu hijo/a: ¿mal comportamiento o saturación? | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans explicando el comportamiento infantil y la saturación emocional en niños y niñas

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria, y acompaño a niños, niñas, adolescentes y familias desde mi trabajo en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Mi formación parte del Grado en Psicología y del Máster en Psicología General Sanitaria, y se ha enriquecido con formación específica en duelo, TEA, mindfulness y neuroliderazgo.

Mi experiencia como reeducadora y psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica, junto con mis prácticas de psicología clínica en el CSMA y CSMIJ, me ha permitido conocer de cerca diferentes formas de expresar el malestar psicológico.

Y hay una situación que veo con frecuencia en consulta: familias que llegan preocupadas porque sienten que “a su hijo/a todo le molesta”. La ropa, el ruido, que le digan que apague la pantalla, que tenga que hacer los deberes, que su hermano/a le hable, que algo no salga como esperaba…

A veces lo interpretamos rápidamente como mal comportamiento. Pero, desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil también puede estar comunicando algo que todavía no sabe expresar con palabras.

Cuando parece que todo le molesta

Hay niños y niñas que atraviesan momentos en los que parecen estar enfadados constantemente.

“Contesta por todo”.

“No acepta un no”.

“Se pone de mal humor enseguida”.

“Todo le parece mal”.

“Antes no era así”.

Estas frases son habituales cuando las familias intentan explicar lo que están observando.

Y entiendo la preocupación. Cuando las discusiones se repiten cada día, es fácil pensar que estamos ante un problema de límites, de educación o de conducta.

Sin embargo, antes de etiquetar una conducta como “mal comportamiento”, considero importante preguntarnos qué puede haber detrás de ella.

Como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil es algo que intento comprender siempre dentro de su contexto. Una misma conducta puede tener significados completamente diferentes dependiendo de lo que esté viviendo ese niño o niña.

Un enfado puede ser un desafío a un límite. Pero también puede ser cansancio, frustración, ansiedad, sobrecarga sensorial, dificultad para gestionar emociones o simplemente la consecuencia de haber acumulado demasiadas demandas durante el día.

Saturación: cuando ya no puede más

La saturación aparece cuando las demandas que recibe una persona superan temporalmente los recursos que tiene disponibles para afrontarlas.

En la infancia puede suceder después de un día especialmente intenso: colegio, actividades extraescolares, deberes, ruido, relaciones sociales, cambios de rutina, conflictos, pantallas, exigencias familiares…

Desde fuera quizá vemos únicamente la última reacción.

Pero esa reacción puede ser la gota que colma el vaso, no necesariamente el origen del problema.

Por ejemplo, un niño puede llegar del colegio aparentemente tranquilo. Después le pedimos que se cambie, que meriende rápido, que haga los deberes y que deje de jugar. De repente explota porque le hemos pedido que haga una cosa más.

La respuesta adulta puede ser: “¡Pero si solo te he pedido que hagas los deberes!”.

Y es cierto.

Pero quizá el problema no eran únicamente los deberes.

Quizá llevaba todo el día esforzándose por adaptarse, concentrarse, controlar sus emociones, relacionarse, seguir instrucciones y responder a diferentes estímulos. Cuando llega a casa, donde se siente seguro, su capacidad para contenerse puede disminuir.

Por eso, como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil no lo observo únicamente en el momento de la explosión. Me interesa conocer qué ha ocurrido antes.

¿Cómo podemos diferenciar mal comportamiento y saturación?

No siempre es sencillo, y no existe una señal única que nos permita saberlo.

Aun así, hay algunas preguntas que pueden ayudarnos.

¿Sucede especialmente al final del día?
Si las dificultades aumentan cuando está cansado/a, quizá necesite más descanso y menos demandas.

¿Aparece después del colegio o de actividades sociales?
Puede existir una acumulación de esfuerzo que no vemos desde casa.

¿Le molestan especialmente los ruidos, la ropa, las luces o determinados espacios?
En algunos casos puede existir una sensibilidad sensorial que merece ser comprendida.

¿Las explosiones aparecen cuando hay cambios inesperados?
Algunos niños y niñas necesitan anticipación y estructura para sentirse seguros.

¿Le cuesta explicar qué siente?
Cuando todavía no dispone de suficientes recursos para identificar y expresar sus emociones, puede acabar comunicándolas mediante la conducta.

¿Después de la reacción parece agotado/a?
Este dato también puede ofrecernos información sobre el nivel de activación que ha experimentado.

Como profesional, intento que estas preguntas no sirvan para poner una nueva etiqueta, sino para observar con más curiosidad y menos juicio.

La conducta también comunica

Una de las ideas que considero más importantes en el acompañamiento psicológico infantil es que la conducta tiene una función.

Cuando un niño o una niña grita, llora, golpea una puerta, se niega a colaborar o responde de manera desafiante, necesitamos poner límites cuando sea necesario. Comprender no significa permitirlo todo.

Pero podemos hacer ambas cosas: poner límites y comprender qué está ocurriendo.

Podemos decir:

“Entiendo que estás muy enfadado/a. No voy a permitir que me hables de esa manera. Cuando estés preparado/a, podemos hablar”.

El mensaje cambia completamente.

No estamos diciendo “tu comportamiento no importa”. Estamos transmitiendo: “tu emoción tiene un lugar, pero hay formas de expresarla que debemos aprender”.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil puede convertirse precisamente en una puerta de entrada para enseñar habilidades de regulación emocional.

¿Qué podemos hacer en casa?

Antes de reaccionar con más exigencia, podemos intentar bajar un poco el nivel de activación.

A veces ayuda reducir estímulos, ofrecer unos minutos de tranquilidad, anticipar lo que va a suceder o evitar encadenar demasiadas órdenes seguidas.

También es importante revisar las necesidades básicas: sueño, alimentación, descanso, movimiento y tiempo libre.

Y algo que considero fundamental: observar los patrones.

Podemos preguntarnos:

  • ¿En qué momentos ocurre?
  • ¿Con quién sucede?
  • ¿Qué ha pasado justo antes?
  • ¿Qué hacemos las personas adultas después?
  • ¿Qué ocurre después de la reacción?
  • ¿Hay situaciones en las que está mucho más tranquilo/a?

Llevar un pequeño registro durante unos días puede ayudarnos a descubrir que aquello que parecía imprevisible quizá tiene un patrón.

No todo es saturación: también debemos mirar el contexto

Comprender la saturación no significa asumir que cualquier conducta difícil tiene una explicación emocional.

En ocasiones puede haber dificultades relacionadas con los límites, conflictos familiares, cambios importantes, problemas escolares, dificultades de aprendizaje, ansiedad u otras circunstancias que necesitan ser valoradas.

Por eso, si el comportamiento cambia de forma significativa, las reacciones son muy intensas o frecuentes, interfieren en su vida cotidiana o generan un sufrimiento importante en el niño/a y en la familia, considero recomendable consultar con un profesional.

Una valoración psicológica permite mirar más allá de la conducta aislada.

Como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil me interesa precisamente desde esa perspectiva global: qué está ocurriendo, qué necesita ese niño o niña y qué podemos hacer para ayudarle a desarrollar recursos que le permitan gestionar mejor aquello que siente.

Quizá no necesita que le exijamos más, sino que entendamos qué está soportando

Cuando todo le molesta, puede ser tentador aumentar las órdenes, los castigos o las consecuencias.

Pero antes de hacerlo, podemos detenernos y preguntarnos:

“¿Qué me está intentando comunicar con esta conducta?”

A veces la respuesta será que necesita un límite.

Otras veces necesitará descansar.

Quizá necesite ayuda para identificar una emoción, aprender a tolerar la frustración, reducir estímulos, sentirse comprendido/a o disponer de herramientas para afrontar una situación que todavía le supera.

Y en algunas ocasiones necesitaremos ayuda profesional para entenderlo.

Como psicóloga en Viladecans, el comportamiento infantil lo entiendo como una pieza de un puzzle mucho más amplio. Mi objetivo no es justificar todas las conductas, sino ayudar a las familias a comprenderlas para poder intervenir de una manera más ajustada y respetuosa.

Si sientes que no sabes qué hay detrás, podemos trabajarlo juntas/os

Si últimamente tienes la sensación de que todo le molesta a tu hijo/a, que cualquier situación termina en una discusión o que ya no sabes si estás poniendo límites, exigiendo demasiado o pasando por alto algo importante, no tienes por qué resolverlo en soledad.

En consulta puedo ayudarte a analizar qué puede estar ocurriendo, identificar patrones, comprender sus necesidades emocionales y encontrar estrategias adaptadas a vuestra situación familiar.

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y estaré encantada de acompañarte en este proceso.

Si quieres que valoremos juntos/as qué puede estar detrás de estas conductas, puedes agendar una cita conmigo.

Selene Cabello

Psicóloga General Sanitaria

Grado en Psicología y Máster en Psicología General Sanitaria

Experiencia Laboral
  • Reeducadora en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Prácticas de psicología clínica en el CSMA (Gavá)
Formación complementaria
  • Curso «Acompañamiento en el proceso de duelo».
  • Curso «TEA».
  • Curso «Mindfulness».
  • Curso «Neuroliderazgo».
No es ‘drama’: el rechazo social puede sentirse enorme en la adolescencia | Psicología Viladecans

No es ‘drama’: el rechazo social puede sentirse enorme en la adolescencia | Psicología Viladecans

PSICOLOGÍA VILADECANS: El rechazo social en la adolescencia

No es ‘drama’: el rechazo social puede sentirse enorme en la adolescencia | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans sobre el rechazo social en la adolescencia

Soy Paula García Hernández, Psicóloga General Sanitaria, y actualmente acompaño a niños, adolescentes, personas adultas y familias en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención en Psicología de la Salud por la Universitat de Barcelona y cursé allí el Máster en Psicología General Sanitaria. También me he formado en Terapia Asistida con Animales, prevención e intervención en suicidio, autismo y TDAH.

A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en diferentes contextos con niños, adolescentes y personas con discapacidad, tanto desde la intervención psicológica como desde el acompañamiento educativo. Esta experiencia me ha permitido observar algo que considero fundamental: lo que desde fuera puede parecer una exageración, desde dentro puede estar siendo vivido como un dolor enorme.

Y esto ocurre especialmente cuando hablamos de rechazo social durante la adolescencia.

Cuando no te incluyen, no siempre es “una tontería”

En consulta, una de las situaciones que más me encuentro es la de adolescentes que llegan sintiéndose fuera de lugar. Quizá no les han invitado a un cumpleaños, han dejado de contar con ellos para determinados planes, un grupo ha creado un chat sin incluirles o han percibido que sus amistades se están alejando.

A veces, cuando lo explican, escuchan frases como:

“Ya encontrarás otros amigos.”

“No le des tanta importancia.”

“Son cosas de adolescentes.”

“Seguro que mañana se les pasa.”

“Estás haciendo un drama de nada.”

Entiendo que muchas de estas frases pueden decirse desde el intento de tranquilizar. Sin embargo, el problema es que pueden transmitir al adolescente algo muy diferente: “lo que estás sintiendo no es importante”.

Como psicóloga en Viladecans, cuando trabajo con rechazo social en la adolescencia intento no quedarme únicamente con lo que ha ocurrido objetivamente. Me interesa conocer cómo lo ha interpretado esa persona, qué significado ha tenido para ella y qué ha empezado a pensar sobre sí misma a partir de esa experiencia.

Porque no es lo mismo pensar “hoy no me han invitado” que empezar a pensar “nadie quiere estar conmigo”, “soy aburrido”, “hay algo malo en mí” o “siempre voy a quedarme solo”.

La adolescencia es una etapa especialmente sensible a la pertenencia

Durante la adolescencia se producen muchísimos cambios. La identidad está en construcción, las relaciones con iguales adquieren un peso enorme y aumenta la necesidad de encontrar un lugar propio dentro del grupo.

Por eso, sentirse aceptado o rechazado puede tener una repercusión emocional especialmente intensa.

Cuando una persona adolescente siente que no encaja, no está procesando únicamente una situación social concreta. Puede estar cuestionándose quién es, cuánto vale, si resulta interesante para los demás o si merece formar parte del grupo.

En mi experiencia como psicóloga en Viladecans, el rechazo social puede convertirse rápidamente en una experiencia que afecta a la autoestima, a la seguridad personal y a la manera de relacionarse con otras personas.

Y aquí hay una diferencia importante: validar el dolor no significa confirmar que todas las interpretaciones negativas sean ciertas.

Podemos decir: “Entiendo que esto te haya dolido mucho” sin decir “entonces es verdad que nadie te quiere”.

¿Por qué puede sentirse tan enorme?

Cuando una persona adolescente es excluida, su malestar puede aparecer de muchas maneras.

Puede mostrarse triste, enfadada, irritable o especialmente sensible. También puede empezar a evitar situaciones sociales, dejar de participar en clase, rechazar planes que antes disfrutaba o pasar mucho más tiempo aislada.

En otras ocasiones sucede lo contrario: intenta encajar a cualquier precio.

Puede modificar su forma de vestir, su manera de hablar, sus gustos o incluso tolerar comportamientos que le hacen daño con tal de no volver a quedarse fuera.

También pueden aparecer pensamientos repetitivos:

“¿Qué he hecho mal?”

“¿Por qué no me hablan?”

“¿Qué tienen los demás que yo no tengo?”

“Seguro que se están riendo de mí.”

“Si digo lo que pienso, me van a rechazar.”

Por eso, cuando una familia consulta conmigo por una situación de rechazo, no considero suficiente preguntar simplemente si el adolescente “tiene amigos”.

Como psicóloga en Viladecans especializada en acompañamiento psicológico, considero importante explorar cómo está viviendo sus relaciones, qué lugar siente que ocupa y qué impacto está teniendo la experiencia de rechazo social en su bienestar emocional.

Las redes sociales pueden hacer que el rechazo no termine al llegar a casa

Hace años, una experiencia de exclusión podía quedarse principalmente en el instituto o en el entorno social. Actualmente, las redes sociales pueden hacer que esa experiencia continúe durante muchas horas.

Ver que un grupo ha quedado sin contar contigo.

Descubrir fotografías de un plan al que no te invitaron.

Comprobar que otras personas están conectadas mientras tú estás solo o sola.

Leer comentarios o conversaciones que interpretas como indirectas.

Todo esto puede alimentar la sensación de estar fuera.

Además, las redes sociales muestran constantemente una versión seleccionada de la vida de otras personas. Esto puede hacer que un adolescente compare su realidad con imágenes de grupos de amistades aparentemente perfectos.

Y cuando ya existe inseguridad, esa comparación puede reforzar pensamientos como “todo el mundo tiene amigos menos yo”.

Por eso, desde mi trabajo como psicóloga en Viladecans, considero importante abordar el rechazo social sin separar la vida presencial de la experiencia digital. Ambas forman parte del mundo social de muchos adolescentes y pueden influirse mutuamente.

No todo rechazo significa acoso, pero tampoco debemos minimizarlo

Es importante diferenciar situaciones. Una decepción puntual con una amistad no necesariamente implica acoso escolar. Que un grupo no invite a alguien a un plan concreto tampoco significa automáticamente que exista bullying.

Pero que una situación no pueda clasificarse como acoso no significa que no pueda doler.

Por eso creo que los adultos tenemos que evitar dos extremos: dramatizar automáticamente cualquier conflicto y, en el otro lado, minimizarlo porque pensamos que “son cosas de la edad”.

La clave está en observar.

¿El malestar es puntual o se mantiene?

¿Está dejando de hacer actividades que antes disfrutaba?

¿Está evitando acudir al instituto?

¿Ha cambiado su manera de relacionarse?

¿Se muestra mucho más triste, irritable o aislado?

¿Habla negativamente sobre sí mismo o sobre sí misma?

¿Tiene miedo constante a ser rechazado?

¿La situación está afectando al sueño, al rendimiento académico o a su día a día?

Estas señales merecen atención.

¿Qué podemos hacer como madres, padres o personas adultas de referencia?

Una de las cosas más útiles que podemos ofrecer es un espacio en el que el adolescente no tenga que demostrar que su dolor está “justificado”.

En lugar de empezar buscando soluciones, podemos empezar escuchando.

En vez de decir “no pasa nada”, podemos probar con:

“Entiendo que te haya dolido.”

“¿Quieres contarme qué ocurrió?”

“¿Qué fue lo que más te afectó?”

“¿Qué pensaste sobre ti cuando pasó?”

“¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué puedes hacer?”

Esta última pregunta puede ser especialmente importante. A veces creemos que ayudar consiste inmediatamente en aconsejar. Pero quizá en ese momento el adolescente necesita sentirse acompañado antes de encontrar una solución.

También es importante no obligarle a socializar como si fuera simplemente cuestión de “poner de su parte”. La seguridad social se construye poco a poco y necesita experiencias de aceptación, no únicamente exigencias.

Pedir ayuda también puede ser una forma de cuidarse

Cuando el rechazo social se mantiene o empieza a afectar significativamente al bienestar emocional, pedir ayuda profesional puede ser recomendable.

En terapia podemos trabajar la autoestima, las habilidades sociales, la gestión emocional, los pensamientos asociados al rechazo y las estrategias para afrontar conflictos interpersonales. También podemos ayudar a diferenciar entre una interpretación negativa y una situación objetiva de exclusión o maltrato.

Como psicóloga en Viladecans, mi objetivo no es enseñar a un adolescente a “aguantar” el rechazo ni convencerle de que no debería afectarle.

Mi objetivo es ayudarle a comprender qué está sintiendo, poner palabras a lo que le ocurre y construir recursos para relacionarse sin tener que dejar de ser quien es para conseguir pertenecer.

Porque sentirse parte de un grupo importa.

Y sentirse rechazado puede doler muchísimo.

Si tu hijo o hija está sufriendo por rechazo social, podemos trabajarlo juntos

Si notas que tu hijo, hija o adolescente cercano está sufriendo especialmente por sus relaciones sociales, no tienes que esperar a que el problema sea todavía más grande para pedir orientación.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarle en un espacio seguro y adaptado a su edad, donde pueda expresarse sin sentirse juzgado ni juzgada. También podemos trabajar conjuntamente con la familia cuando sea necesario para comprender qué está ocurriendo y encontrar nuevas formas de acompañarle.

Si crees que necesita apoyo psicológico, puedes agendar una cita conmigo en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans.

A veces, lo primero que necesita una persona adolescente no es que le digamos que “no es para tanto”.

Necesita que alguien pueda decirle:

“Entiendo que para ti esto sí es importante. Vamos a ver juntos qué está pasando.”

Paula García Hernández

Psicóloga General Sanitaria

Grado en Psicología con mención en Psicología de la Salud (Universitat de Barcelona)

Máster Psicología General Sanitaria (Universitat de Barcelona)

Máster Terapia Asistida con Animales (ISEP)

Formación complementaria
  • Curso de Experto en Prevención e Intervención en Suicidio (ISEP)
  • Diploma en Intervención Educativa en Autismo (Fundació Pere Tarrés)
  • Diploma en Atención a la diversidad: TDAH (Fundació Pere Tarrés)
Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans)
  • Psicóloga y Monitora Adultos con Discapacidad (Fundación Apip-Acam)
  • Psicóloga infanto-juvenil en Escola Joaquim Abril (Sant Fost de Campsentelles)
  • Vetlladora en casa de colonias Mas Po-Canyadó (La Conreria)
  • Reeducadora de niños y adolescentes con TDAH y autismo en Asociació TDAH Vallès (Sabadell)
¿Estamos conirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

¿Estamos conirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

PSICOLOGÍA VILADECANS: La obligación del autocuidado

¿Estamos convirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans reflexiona sobre el autocuidado y la obligación de cuidarnos

Soy Mariola López López, Psicóloga General Sanitaria, y desarrollo mi actividad profesional en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología por la UOC y posteriormente cursé el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad Europea. A lo largo de mi formación también me he especializado en ámbitos como las adicciones a las nuevas tecnologías y la drogodependencia, además de haber realizado formación específica en crisis de angustia y agorafobia, inteligencia emocional y terapia de pareja.

Mi experiencia profesional se ha construido tanto desde la práctica clínica como desde la investigación psicosocial. He realizado prácticas como psicóloga residente en el Instituto Psicológico Álvarez-Rovira de Viladecans y en el Centro de Psicología de Castelldefels, además de participar en prácticas de investigación en el área psicosocial de la UOC.

Desde mi experiencia como psicóloga, hay algo que observo cada vez con más frecuencia en consulta: el autocuidado, que debería ayudarnos a sentirnos mejor, puede acabar convirtiéndose en otra fuente de presión.

Y precisamente por eso quiero plantear una pregunta: ¿estamos cuidándonos o estamos intentando cumplir también con la obligación de cuidarnos?

Cuando cuidarse empieza a parecer una lista de tareas

Durante los últimos años hemos hablado mucho de autocuidado. Y considero que es positivo. Hemos aprendido que descansar es importante, que poner límites puede ser necesario, que necesitamos espacios propios y que atender nuestras necesidades emocionales no es egoísmo.

Sin embargo, en consulta también encuentro otra realidad.

Personas que sienten que deberían meditar todos los días, hacer deporte, comer perfectamente, dormir ocho horas, desconectar del móvil, tener una rutina de mañana, practicar mindfulness, leer, escribir un diario, pasar tiempo con sus amistades, ir a terapia y, además, mantener una actitud positiva.

Y cuando no consiguen hacer todo eso, aparece la culpa.

En ese momento, algo que nació como una herramienta para nuestro bienestar empieza a convertirse en una exigencia más.

Como psicóloga en Viladecans, creo que es importante detenernos aquí: convertir el autocuidado en una obligación puede hacer que incluso aquello que debería ayudarnos termine generando estrés.

El autocuidado también puede convertirse en perfeccionismo

A veces no buscamos cuidarnos, sino cuidarnos correctamente.

La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente puede ser enorme.

No es lo mismo pensar:

“Hoy necesito descansar”.

Que pensar:

“Debería descansar porque llevo varios días sin hacer mi rutina de autocuidado y estoy haciéndolo mal”.

En el primer caso existe escucha. En el segundo, exigencia.

Esta segunda forma de relacionarnos con el autocuidado puede estar relacionada con determinados patrones de perfeccionismo: necesitamos hacerlo todo bien, incluso descansar.

Como psicóloga en Viladecans, veo que la obligación de autocuidado puede aparecer especialmente cuando una persona ya está acostumbrada a exigirse mucho en otras áreas de su vida. Si el trabajo, la familia, las relaciones, el cuerpo o los estudios ya están llenos de “debería”, es fácil que el autocuidado se convierta en otro terreno en el que sentir que nunca llegamos a hacerlo suficientemente bien.

Y entonces ocurre algo paradójico: intentamos reducir nuestro estrés añadiendo más cosas a nuestra agenda.

¿Cuándo el autocuidado deja de ser autocuidado?

No existe una regla universal para saber cuándo el autocuidado se ha transformado en una obligación. Pero sí podemos hacernos algunas preguntas.

¿Me siento culpable cuando no cumplo mi rutina?

¿Descansar me genera ansiedad porque siento que debería estar haciendo algo productivo?

¿Hago determinadas actividades porque realmente las necesito o porque creo que “debería” hacerlas?

¿Me comparo con otras personas y siento que no me cuido lo suficiente?

¿Mi rutina de bienestar ocupa tanto espacio que acaba siendo una fuente de estrés?

¿Tengo dificultades para escuchar lo que necesito si eso no coincide con mi planificación?

Responder sinceramente puede ayudarnos a detectar si estamos cuidándonos desde la flexibilidad o desde la exigencia.

Porque el autocuidado no debería convertirse en un examen que tenemos que aprobar.

No todos los días necesitamos lo mismo

Una de las ideas que más me gusta trabajar en consulta es que cuidarnos no siempre significa hacer lo mismo.

Hay días en los que salir a caminar puede ayudarnos.

Otros días quizá necesitamos quedarnos en casa.

En ocasiones podemos necesitar hablar con alguien. En otras, estar un rato a solas.

Un día podemos disfrutar haciendo ejercicio y otro podemos necesitar descansar.

También habrá momentos en los que cuidar de nuestra salud emocional implique pedir ayuda profesional.

El autocuidado no debería ser una rutina rígida, sino una forma de mantener una relación más atenta con nuestras necesidades.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, entiendo el autocuidado sin obligación como una práctica flexible: observar qué me está pasando y preguntarme qué necesito en este momento, sin convertir la respuesta en una nueva norma que cumplir.

Descansar no tiene que ser productivo

Creo que este es uno de los puntos más importantes.

Vivimos en una cultura que muchas veces nos lleva a medir nuestro tiempo en función de lo que conseguimos hacer con él. Incluso el descanso puede acabar teniendo que justificar su utilidad.

“Descanso para rendir mejor”.

“Desconecto para volver con más energía”.

“Me cuido para ser más productivo”.

Por supuesto, descansar puede tener efectos positivos sobre nuestro bienestar y nuestro rendimiento. Pero no necesitamos convertir el descanso en una herramienta de productividad para concedernos permiso para descansar.

A veces podemos descansar porque estamos cansados.

Y ya está.

No necesitamos merecerlo.

No necesitamos haber terminado todas nuestras obligaciones.

No necesitamos demostrar que hemos hecho suficiente durante el día.

Como psicóloga en Viladecans, considero que recuperar esta idea puede ser profundamente liberador: nuestro valor no depende de cuánto hacemos ni de lo eficazmente que gestionamos nuestro tiempo.

Cuidarnos también significa aceptar nuestros límites

Hay una parte del autocuidado de la que hablamos menos: aceptar que no podemos con todo.

Poner límites no siempre significa decir “no” a otras personas. En ocasiones significa decirnos “no” a nosotros mismos cuando intentamos abarcar más de lo que podemos sostener.

Quizá hoy no puedo hacer deporte.

Quizá esta semana no puedo mantener mi rutina perfecta.

Quizá necesito cancelar un plan.

Quizá necesito pedir ayuda.

Quizá estoy atravesando una etapa complicada y mi objetivo no puede ser estar bien todo el tiempo.

Esto también es autocuidado.

Como psicóloga en Viladecans, creo que el autocuidado se vuelve más saludable cuando dejamos de utilizarlo para exigirnos estar siempre bien. Cuidarse no significa evitar el malestar. Significa poder reconocerlo, escucharlo y buscar recursos para atravesarlo.

Menos “debería” y más “¿qué necesito?”

Quizá podemos cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos:

“¿Qué debería hacer para cuidarme?”

Podemos empezar a preguntarnos:

“¿Qué necesito hoy?”

Puede parecer una modificación pequeña, pero cambia completamente el punto de partida.

La primera pregunta busca una respuesta correcta.

La segunda busca escucharnos.

Y quizá hoy la respuesta sea descansar. O hablar. O poner un límite. O movernos. O llorar. O pedir ayuda. O simplemente hacer menos.

No existe una rutina perfecta de autocuidado que funcione para todo el mundo.

Existe la posibilidad de aprender a escucharnos.

El autocuidado no debería convertirse en otra forma de presión

Me gustaría que pudiéramos recuperar una idea sencilla: cuidarnos no consiste en cumplir una lista interminable de hábitos saludables.

El autocuidado también puede ser imperfecto.

Puede ser irregular.

Puede cambiar.

Puede tener días buenos y días en los que apenas podemos hacer lo básico.

Y eso no significa que lo estemos haciendo mal.

Desde mi trabajo como psicóloga en Viladecans, abordar el autocuidado como una obligación implica precisamente revisar todas esas exigencias que hemos interiorizado y preguntarnos si realmente nos ayudan o si están aumentando nuestra presión.

Quizá cuidarnos no sea añadir una actividad más a nuestra agenda.

Quizá, en algunos momentos, sea quitar algo.

Si necesitas aprender a cuidarte sin exigirte más, puedo acompañarte

Si al leer este artículo has pensado que tu manera de cuidarte se ha convertido en otra fuente de presión, no tienes por qué resolverlo todo por tu cuenta.

En terapia podemos explorar de dónde vienen esas exigencias, cómo te relacionas contigo mismo o contigo misma, qué papel tienen el perfeccionismo, la culpa o la necesidad de control y qué necesitas realmente para sentirte mejor.

Como psicóloga en Viladecans, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro y sin juicios en el que puedas comprender lo que te está ocurriendo y empezar a construir una relación contigo más flexible y amable.

Si sientes que ha llegado el momento de parar, escucharte y aprender a cuidarte sin convertir el bienestar en otra obligación, puedes agendar una cita conmigo en Serveis Atenció Terapèutica, en Viladecans.

Estaré encantada de acompañarte en este proceso.

Mariola López López

Psicóloga General Sanitaria
Grado en Psicología (UOC)

Máster Psicología General Sanitaria (Universidad Europea)

Experto universitario en Adicciones a nuevas tecnologías y drogodependencia (UNIR)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans)
  • Prácticas como psicóloga residente en en Instituto Psicológico Álvarez-Rovira (Viladecans)
  • Prácticas como psicóloga residente en el Centro de Psicología de Castelldefels (Castelldefels)
  • Prácticas de investigación en área psicosocial en la UOC
Formación complementaria
  • Curso «Comprensión y tratamiento de la agorafobia y la crisis de angustia» (COPC).
  • Curso «Terapia basada en Inteligencia Emocional» (COPC).
  • Curso «Terapia de Pareja” (AEPSIS).
CERTIFICACIÓN DE EXCELENCIA
El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: PRIMEROS SÍNTOMAS DE UN TCA

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans explicando los síntomas de un TCA y las primeras señales de alerta relacionadas con la alimentación, el cuerpo y la autoestima.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y trabajo como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención clínica en la Universitat Ramon Llull y posteriormente cursé el Máster Universitario en Psicología Jurídica y el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, ambos en la VIU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones y en diferentes contextos clínicos y sociales. Mi formación también incluye prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva y primeros auxilios psicológicos, entre otras especializaciones. Desde mi experiencia en consulta, hay algo que he aprendido y que considero fundamental cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria: el primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida.

Cuando pensamos en un TCA, solemos mirar demasiado pronto al plato

Cuando alguien escucha hablar de un trastorno de la conducta alimentaria, es habitual que piense inmediatamente en comida: dejar de comer determinados alimentos, contar calorías, darse atracones, vomitar después de comer o preocuparse excesivamente por el peso.

Y, efectivamente, estas conductas pueden formar parte de un TCA. Pero cuando acompaño a una persona en consulta, muchas veces encuentro que la dificultad empezó bastante antes de que aparecieran cambios evidentes en su alimentación.

A veces empezó con una necesidad intensa de control.

O con una sensación de no ser suficiente.

Con una comparación constante con otras personas.

Con una autoestima cada vez más vinculada al aspecto físico.

Con la dificultad para gestionar determinadas emociones.

Con una relación complicada con el propio cuerpo.

Por eso, como psicóloga en Viladecans, cuando observo posibles síntomas de TCA no me centro únicamente en qué come una persona. También intento comprender qué está ocurriendo en su mundo emocional, familiar, social y personal.

El control puede ser una de las primeras señales

Una de las señales que considero especialmente importantes es la necesidad creciente de control.

Hay personas que comienzan a establecer pequeñas reglas alrededor de la alimentación. Al principio pueden parecer inocentes: eliminar un alimento concreto, evitar cenar fuera, pesarse con frecuencia o empezar a controlar determinadas cantidades.

El problema aparece cuando estas reglas empiezan a ocupar cada vez más espacio mental.

La persona puede sentir que necesita cumplirlas para estar tranquila. Puede experimentar culpa si se las salta o ansiedad ante situaciones en las que no puede controlar qué va a comer.

Desde fuera quizá todavía no parezca que exista un problema grave.

Sin embargo, internamente puede estar ocurriendo algo importante.

Cuando la alimentación empieza a determinar el estado de ánimo, la vida social o la percepción que alguien tiene de sí mismo, merece la pena prestar atención.

La autoestima puede empezar a depender del cuerpo

Otra señal que observo en consulta tiene que ver con la autoestima.

Cuando una persona comienza a sentir que su valor depende de cómo se ve, de cuánto pesa o de cómo encaja en determinados cánones estéticos, su relación con el cuerpo puede volverse progresivamente más rígida.

«Hoy me veo fatal».

«He engordado».

«No puedo ponerme esta ropa».

«Cuando consiga adelgazar, estaré mejor».

«Si como esto, voy a estropearlo todo».

Estas frases pueden parecer comentarios cotidianos, pero cuando se repiten constantemente y empiezan a condicionar la vida de una persona, pueden estar expresando un malestar más profundo.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, los síntomas relacionados con un TCA los entiendo dentro de un contexto mucho más amplio: autoestima, emociones, pensamientos, relaciones, autoconcepto y circunstancias vitales.

Dejar de disfrutar también puede ser una señal

Hay otra cuestión que considero especialmente relevante: qué cosas está dejando de hacer la persona.

Quizá antes disfrutaba de quedar con sus amistades y ahora evita restaurantes.

Quizá participaba en celebraciones familiares y ahora siente ansiedad cuando hay comida de por medio.

Quizá le gustaba hacer deporte y ahora siente que tiene que entrenar obligatoriamente.

Quizá antes se vestía sin darle demasiadas vueltas y ahora pasa mucho tiempo intentando esconder determinadas partes de su cuerpo.

Cuando las preocupaciones relacionadas con la comida, el ejercicio o la imagen corporal comienzan a limitar la vida cotidiana, no deberíamos esperar a que la situación sea extrema para pedir ayuda.

Un TCA no se define únicamente por lo que una persona come. También puede observarse en todo aquello que empieza a dejar de hacer por miedo, culpa, vergüenza o necesidad de control.

La comparación constante puede alimentar el problema

Vivimos en un entorno en el que la comparación es muy fácil.

Redes sociales, fotografías editadas, contenidos sobre alimentación, rutinas de ejercicio, mensajes sobre cuerpos «ideales»… Todo ello puede influir en la forma en la que una persona se relaciona con su propio cuerpo.

No significa que las redes sociales sean la causa directa de un TCA. Pero sí pueden convertirse en un factor que aumente determinadas preocupaciones, especialmente cuando existe vulnerabilidad previa.

En consulta, me interesa saber qué ocurre después de que alguien pasa tiempo viendo determinados contenidos.

¿Se siente peor con su cuerpo?

¿Comienza a compararse?

¿Siente que debería cambiar?

¿Aumenta su necesidad de controlar la alimentación?

¿Empieza a evitar determinados alimentos?

Cuando como psicóloga en Viladecans valoro los síntomas de un TCA, estas preguntas pueden ayudarme a entender mejor qué función están cumpliendo determinadas conductas y qué factores están manteniendo el malestar.

No todo se ve desde fuera

Una de las ideas que más me gustaría transmitir es que una persona puede estar sufriendo un TCA aunque su entorno no lo perciba.

El sufrimiento psicológico no siempre es visible.

Puede haber personas que continúen estudiando, trabajando, quedando con amistades y aparentemente llevando una vida normal mientras dedican una enorme cantidad de energía mental a la comida, al cuerpo o al peso.

Por eso considero importante evitar comentarios como «pero si estás bien», «no parece que tengas ningún problema» o «solo tienes que comer».

La intención puede ser buena, pero este tipo de respuestas pueden hacer que la persona se sienta incomprendida y tenga todavía más dificultades para pedir ayuda.

¿Qué otros síntomas deberían hacernos estar alerta?

No existe un único síntoma que permita determinar por sí mismo que una persona tiene un TCA. Sin embargo, hay cambios que pueden justificar una valoración profesional:

  • Preocupación excesiva por el peso, el cuerpo o la alimentación.
  • Evitación progresiva de determinados alimentos o situaciones sociales.
  • Necesidad constante de compensar después de comer.
  • Ejercicio vivido desde la obligación o la culpa.
  • Atracones o sensación de pérdida de control al comer.
  • Comer a escondidas.
  • Pesarse o comprobar el cuerpo de manera repetitiva.
  • Sentir culpa, ansiedad o vergüenza después de comer.
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios.
  • Aislamiento social relacionado con la comida.
  • Cambios de humor, irritabilidad o preocupación constante.
  • Dificultades para concentrarse debido a pensamientos relacionados con alimentación o imagen corporal.

Estos indicadores no equivalen automáticamente a un diagnóstico. Precisamente por eso, ante la aparición de varias señales, considero importante consultar con profesionales especializados y realizar una valoración individualizada.

Pedir ayuda no significa esperar a estar en el límite

Uno de los errores que encuentro con frecuencia es pensar que hay que esperar a que el problema sea «lo suficientemente grave».

No.

No es necesario esperar a que una persona haya perdido mucho peso, haya dejado completamente de comer o sufra consecuencias físicas importantes para pedir ayuda.

Cuanto antes se detecta una dificultad, más posibilidades existen de intervenir sobre ella antes de que se consolide y afecte a más áreas de la vida.

Además, detrás de una conducta alimentaria problemática puede haber diferentes necesidades y experiencias. Por eso, en terapia no se trata simplemente de decirle a alguien qué debería comer.

Necesitamos comprender qué está ocurriendo y qué función cumple esa conducta para esa persona.

Como profesional, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro, sin juicios, en el que podamos hablar de aquello que quizá cuesta explicar incluso a las personas más cercanas.

Como psicóloga, miro más allá de la comida

Cuando alguien llega a consulta y me dice «creo que tengo un problema con la comida», mi primera pregunta no es únicamente qué está comiendo.

Quiero conocer cómo se siente.

Qué piensa de sí mismo o de sí misma.

Cómo se relaciona con su cuerpo.

Qué está ocurriendo en su entorno.

Qué emociones le resultan más difíciles de manejar.

Qué ha cambiado últimamente.

Y, sobre todo, cuánto espacio está ocupando todo esto en su vida.

Para mí, esta mirada es fundamental. Porque detrás de un comportamiento relacionado con la alimentación puede existir ansiedad, inseguridad, perfeccionismo, dificultades emocionales, experiencias vitales difíciles, presión social, problemas de autoestima u otras circunstancias que necesitan ser atendidas.

Por eso, cuando hablo de síntomas de TCA desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, insisto en que debemos mirar más allá de la comida. El objetivo no es únicamente modificar una conducta, sino comprender a la persona que hay detrás y acompañarla en la recuperación de una relación más saludable consigo misma.

Si algo de esto te resulta familiar, podemos hablarlo

Si tú, tu hijo, tu hija, tu pareja o alguien cercano está empezando a mostrar cambios preocupantes en su relación con la alimentación, el cuerpo o el ejercicio, no hace falta esperar a que el problema vaya a más para consultar.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarte en una primera valoración para comprender qué está ocurriendo y determinar qué tipo de intervención puede ser la más adecuada en cada caso. Si después de leer este artículo te has reconocido en alguno de estos síntomas de TCA, pedir ayuda puede ser un primer paso importante.

No tienes que llegar al límite para merecer atención.

Puedes agendar una cita conmigo y empezar a hablar de aquello que te preocupa en un espacio profesional, cercano y sin juicios.

Soy Laia Montero Gascó, psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y estaré encantada de acompañarte.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
1
Escanea el código