: Síntomas de un TCA: las primeras señales | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: PRIMEROS SÍNTOMAS DE UN TCA

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans explicando los síntomas de un TCA y las primeras señales de alerta relacionadas con la alimentación, el cuerpo y la autoestima.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y trabajo como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención clínica en la Universitat Ramon Llull y posteriormente cursé el Máster Universitario en Psicología Jurídica y el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, ambos en la VIU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones y en diferentes contextos clínicos y sociales. Mi formación también incluye prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva y primeros auxilios psicológicos, entre otras especializaciones. Desde mi experiencia en consulta, hay algo que he aprendido y que considero fundamental cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria: el primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida.

Cuando pensamos en un TCA, solemos mirar demasiado pronto al plato

Cuando alguien escucha hablar de un trastorno de la conducta alimentaria, es habitual que piense inmediatamente en comida: dejar de comer determinados alimentos, contar calorías, darse atracones, vomitar después de comer o preocuparse excesivamente por el peso.

Y, efectivamente, estas conductas pueden formar parte de un TCA. Pero cuando acompaño a una persona en consulta, muchas veces encuentro que la dificultad empezó bastante antes de que aparecieran cambios evidentes en su alimentación.

A veces empezó con una necesidad intensa de control.

O con una sensación de no ser suficiente.

Con una comparación constante con otras personas.

Con una autoestima cada vez más vinculada al aspecto físico.

Con la dificultad para gestionar determinadas emociones.

Con una relación complicada con el propio cuerpo.

Por eso, como psicóloga en Viladecans, cuando observo posibles síntomas de TCA no me centro únicamente en qué come una persona. También intento comprender qué está ocurriendo en su mundo emocional, familiar, social y personal.

El control puede ser una de las primeras señales

Una de las señales que considero especialmente importantes es la necesidad creciente de control.

Hay personas que comienzan a establecer pequeñas reglas alrededor de la alimentación. Al principio pueden parecer inocentes: eliminar un alimento concreto, evitar cenar fuera, pesarse con frecuencia o empezar a controlar determinadas cantidades.

El problema aparece cuando estas reglas empiezan a ocupar cada vez más espacio mental.

La persona puede sentir que necesita cumplirlas para estar tranquila. Puede experimentar culpa si se las salta o ansiedad ante situaciones en las que no puede controlar qué va a comer.

Desde fuera quizá todavía no parezca que exista un problema grave.

Sin embargo, internamente puede estar ocurriendo algo importante.

Cuando la alimentación empieza a determinar el estado de ánimo, la vida social o la percepción que alguien tiene de sí mismo, merece la pena prestar atención.

La autoestima puede empezar a depender del cuerpo

Otra señal que observo en consulta tiene que ver con la autoestima.

Cuando una persona comienza a sentir que su valor depende de cómo se ve, de cuánto pesa o de cómo encaja en determinados cánones estéticos, su relación con el cuerpo puede volverse progresivamente más rígida.

«Hoy me veo fatal».

«He engordado».

«No puedo ponerme esta ropa».

«Cuando consiga adelgazar, estaré mejor».

«Si como esto, voy a estropearlo todo».

Estas frases pueden parecer comentarios cotidianos, pero cuando se repiten constantemente y empiezan a condicionar la vida de una persona, pueden estar expresando un malestar más profundo.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, los síntomas relacionados con un TCA los entiendo dentro de un contexto mucho más amplio: autoestima, emociones, pensamientos, relaciones, autoconcepto y circunstancias vitales.

Dejar de disfrutar también puede ser una señal

Hay otra cuestión que considero especialmente relevante: qué cosas está dejando de hacer la persona.

Quizá antes disfrutaba de quedar con sus amistades y ahora evita restaurantes.

Quizá participaba en celebraciones familiares y ahora siente ansiedad cuando hay comida de por medio.

Quizá le gustaba hacer deporte y ahora siente que tiene que entrenar obligatoriamente.

Quizá antes se vestía sin darle demasiadas vueltas y ahora pasa mucho tiempo intentando esconder determinadas partes de su cuerpo.

Cuando las preocupaciones relacionadas con la comida, el ejercicio o la imagen corporal comienzan a limitar la vida cotidiana, no deberíamos esperar a que la situación sea extrema para pedir ayuda.

Un TCA no se define únicamente por lo que una persona come. También puede observarse en todo aquello que empieza a dejar de hacer por miedo, culpa, vergüenza o necesidad de control.

La comparación constante puede alimentar el problema

Vivimos en un entorno en el que la comparación es muy fácil.

Redes sociales, fotografías editadas, contenidos sobre alimentación, rutinas de ejercicio, mensajes sobre cuerpos «ideales»… Todo ello puede influir en la forma en la que una persona se relaciona con su propio cuerpo.

No significa que las redes sociales sean la causa directa de un TCA. Pero sí pueden convertirse en un factor que aumente determinadas preocupaciones, especialmente cuando existe vulnerabilidad previa.

En consulta, me interesa saber qué ocurre después de que alguien pasa tiempo viendo determinados contenidos.

¿Se siente peor con su cuerpo?

¿Comienza a compararse?

¿Siente que debería cambiar?

¿Aumenta su necesidad de controlar la alimentación?

¿Empieza a evitar determinados alimentos?

Cuando como psicóloga en Viladecans valoro los síntomas de un TCA, estas preguntas pueden ayudarme a entender mejor qué función están cumpliendo determinadas conductas y qué factores están manteniendo el malestar.

No todo se ve desde fuera

Una de las ideas que más me gustaría transmitir es que una persona puede estar sufriendo un TCA aunque su entorno no lo perciba.

El sufrimiento psicológico no siempre es visible.

Puede haber personas que continúen estudiando, trabajando, quedando con amistades y aparentemente llevando una vida normal mientras dedican una enorme cantidad de energía mental a la comida, al cuerpo o al peso.

Por eso considero importante evitar comentarios como «pero si estás bien», «no parece que tengas ningún problema» o «solo tienes que comer».

La intención puede ser buena, pero este tipo de respuestas pueden hacer que la persona se sienta incomprendida y tenga todavía más dificultades para pedir ayuda.

¿Qué otros síntomas deberían hacernos estar alerta?

No existe un único síntoma que permita determinar por sí mismo que una persona tiene un TCA. Sin embargo, hay cambios que pueden justificar una valoración profesional:

  • Preocupación excesiva por el peso, el cuerpo o la alimentación.
  • Evitación progresiva de determinados alimentos o situaciones sociales.
  • Necesidad constante de compensar después de comer.
  • Ejercicio vivido desde la obligación o la culpa.
  • Atracones o sensación de pérdida de control al comer.
  • Comer a escondidas.
  • Pesarse o comprobar el cuerpo de manera repetitiva.
  • Sentir culpa, ansiedad o vergüenza después de comer.
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios.
  • Aislamiento social relacionado con la comida.
  • Cambios de humor, irritabilidad o preocupación constante.
  • Dificultades para concentrarse debido a pensamientos relacionados con alimentación o imagen corporal.

Estos indicadores no equivalen automáticamente a un diagnóstico. Precisamente por eso, ante la aparición de varias señales, considero importante consultar con profesionales especializados y realizar una valoración individualizada.

Pedir ayuda no significa esperar a estar en el límite

Uno de los errores que encuentro con frecuencia es pensar que hay que esperar a que el problema sea «lo suficientemente grave».

No.

No es necesario esperar a que una persona haya perdido mucho peso, haya dejado completamente de comer o sufra consecuencias físicas importantes para pedir ayuda.

Cuanto antes se detecta una dificultad, más posibilidades existen de intervenir sobre ella antes de que se consolide y afecte a más áreas de la vida.

Además, detrás de una conducta alimentaria problemática puede haber diferentes necesidades y experiencias. Por eso, en terapia no se trata simplemente de decirle a alguien qué debería comer.

Necesitamos comprender qué está ocurriendo y qué función cumple esa conducta para esa persona.

Como profesional, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro, sin juicios, en el que podamos hablar de aquello que quizá cuesta explicar incluso a las personas más cercanas.

Como psicóloga, miro más allá de la comida

Cuando alguien llega a consulta y me dice «creo que tengo un problema con la comida», mi primera pregunta no es únicamente qué está comiendo.

Quiero conocer cómo se siente.

Qué piensa de sí mismo o de sí misma.

Cómo se relaciona con su cuerpo.

Qué está ocurriendo en su entorno.

Qué emociones le resultan más difíciles de manejar.

Qué ha cambiado últimamente.

Y, sobre todo, cuánto espacio está ocupando todo esto en su vida.

Para mí, esta mirada es fundamental. Porque detrás de un comportamiento relacionado con la alimentación puede existir ansiedad, inseguridad, perfeccionismo, dificultades emocionales, experiencias vitales difíciles, presión social, problemas de autoestima u otras circunstancias que necesitan ser atendidas.

Por eso, cuando hablo de síntomas de TCA desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, insisto en que debemos mirar más allá de la comida. El objetivo no es únicamente modificar una conducta, sino comprender a la persona que hay detrás y acompañarla en la recuperación de una relación más saludable consigo misma.

Si algo de esto te resulta familiar, podemos hablarlo

Si tú, tu hijo, tu hija, tu pareja o alguien cercano está empezando a mostrar cambios preocupantes en su relación con la alimentación, el cuerpo o el ejercicio, no hace falta esperar a que el problema vaya a más para consultar.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarte en una primera valoración para comprender qué está ocurriendo y determinar qué tipo de intervención puede ser la más adecuada en cada caso. Si después de leer este artículo te has reconocido en alguno de estos síntomas de TCA, pedir ayuda puede ser un primer paso importante.

No tienes que llegar al límite para merecer atención.

Puedes agendar una cita conmigo y empezar a hablar de aquello que te preocupa en un espacio profesional, cercano y sin juicios.

Soy Laia Montero Gascó, psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y estaré encantada de acompañarte.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
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