¿Estamos conirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

¿Estamos conirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

PSICOLOGÍA VILADECANS: La obligación del autocuidado

¿Estamos convirtiendo el autocuidado en otra obligación? | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans reflexiona sobre el autocuidado y la obligación de cuidarnos

Soy Mariola López López, Psicóloga General Sanitaria, y desarrollo mi actividad profesional en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología por la UOC y posteriormente cursé el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad Europea. A lo largo de mi formación también me he especializado en ámbitos como las adicciones a las nuevas tecnologías y la drogodependencia, además de haber realizado formación específica en crisis de angustia y agorafobia, inteligencia emocional y terapia de pareja.

Mi experiencia profesional se ha construido tanto desde la práctica clínica como desde la investigación psicosocial. He realizado prácticas como psicóloga residente en el Instituto Psicológico Álvarez-Rovira de Viladecans y en el Centro de Psicología de Castelldefels, además de participar en prácticas de investigación en el área psicosocial de la UOC.

Desde mi experiencia como psicóloga, hay algo que observo cada vez con más frecuencia en consulta: el autocuidado, que debería ayudarnos a sentirnos mejor, puede acabar convirtiéndose en otra fuente de presión.

Y precisamente por eso quiero plantear una pregunta: ¿estamos cuidándonos o estamos intentando cumplir también con la obligación de cuidarnos?

Cuando cuidarse empieza a parecer una lista de tareas

Durante los últimos años hemos hablado mucho de autocuidado. Y considero que es positivo. Hemos aprendido que descansar es importante, que poner límites puede ser necesario, que necesitamos espacios propios y que atender nuestras necesidades emocionales no es egoísmo.

Sin embargo, en consulta también encuentro otra realidad.

Personas que sienten que deberían meditar todos los días, hacer deporte, comer perfectamente, dormir ocho horas, desconectar del móvil, tener una rutina de mañana, practicar mindfulness, leer, escribir un diario, pasar tiempo con sus amistades, ir a terapia y, además, mantener una actitud positiva.

Y cuando no consiguen hacer todo eso, aparece la culpa.

En ese momento, algo que nació como una herramienta para nuestro bienestar empieza a convertirse en una exigencia más.

Como psicóloga en Viladecans, creo que es importante detenernos aquí: convertir el autocuidado en una obligación puede hacer que incluso aquello que debería ayudarnos termine generando estrés.

El autocuidado también puede convertirse en perfeccionismo

A veces no buscamos cuidarnos, sino cuidarnos correctamente.

La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente puede ser enorme.

No es lo mismo pensar:

“Hoy necesito descansar”.

Que pensar:

“Debería descansar porque llevo varios días sin hacer mi rutina de autocuidado y estoy haciéndolo mal”.

En el primer caso existe escucha. En el segundo, exigencia.

Esta segunda forma de relacionarnos con el autocuidado puede estar relacionada con determinados patrones de perfeccionismo: necesitamos hacerlo todo bien, incluso descansar.

Como psicóloga en Viladecans, veo que la obligación de autocuidado puede aparecer especialmente cuando una persona ya está acostumbrada a exigirse mucho en otras áreas de su vida. Si el trabajo, la familia, las relaciones, el cuerpo o los estudios ya están llenos de “debería”, es fácil que el autocuidado se convierta en otro terreno en el que sentir que nunca llegamos a hacerlo suficientemente bien.

Y entonces ocurre algo paradójico: intentamos reducir nuestro estrés añadiendo más cosas a nuestra agenda.

¿Cuándo el autocuidado deja de ser autocuidado?

No existe una regla universal para saber cuándo el autocuidado se ha transformado en una obligación. Pero sí podemos hacernos algunas preguntas.

¿Me siento culpable cuando no cumplo mi rutina?

¿Descansar me genera ansiedad porque siento que debería estar haciendo algo productivo?

¿Hago determinadas actividades porque realmente las necesito o porque creo que “debería” hacerlas?

¿Me comparo con otras personas y siento que no me cuido lo suficiente?

¿Mi rutina de bienestar ocupa tanto espacio que acaba siendo una fuente de estrés?

¿Tengo dificultades para escuchar lo que necesito si eso no coincide con mi planificación?

Responder sinceramente puede ayudarnos a detectar si estamos cuidándonos desde la flexibilidad o desde la exigencia.

Porque el autocuidado no debería convertirse en un examen que tenemos que aprobar.

No todos los días necesitamos lo mismo

Una de las ideas que más me gusta trabajar en consulta es que cuidarnos no siempre significa hacer lo mismo.

Hay días en los que salir a caminar puede ayudarnos.

Otros días quizá necesitamos quedarnos en casa.

En ocasiones podemos necesitar hablar con alguien. En otras, estar un rato a solas.

Un día podemos disfrutar haciendo ejercicio y otro podemos necesitar descansar.

También habrá momentos en los que cuidar de nuestra salud emocional implique pedir ayuda profesional.

El autocuidado no debería ser una rutina rígida, sino una forma de mantener una relación más atenta con nuestras necesidades.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, entiendo el autocuidado sin obligación como una práctica flexible: observar qué me está pasando y preguntarme qué necesito en este momento, sin convertir la respuesta en una nueva norma que cumplir.

Descansar no tiene que ser productivo

Creo que este es uno de los puntos más importantes.

Vivimos en una cultura que muchas veces nos lleva a medir nuestro tiempo en función de lo que conseguimos hacer con él. Incluso el descanso puede acabar teniendo que justificar su utilidad.

“Descanso para rendir mejor”.

“Desconecto para volver con más energía”.

“Me cuido para ser más productivo”.

Por supuesto, descansar puede tener efectos positivos sobre nuestro bienestar y nuestro rendimiento. Pero no necesitamos convertir el descanso en una herramienta de productividad para concedernos permiso para descansar.

A veces podemos descansar porque estamos cansados.

Y ya está.

No necesitamos merecerlo.

No necesitamos haber terminado todas nuestras obligaciones.

No necesitamos demostrar que hemos hecho suficiente durante el día.

Como psicóloga en Viladecans, considero que recuperar esta idea puede ser profundamente liberador: nuestro valor no depende de cuánto hacemos ni de lo eficazmente que gestionamos nuestro tiempo.

Cuidarnos también significa aceptar nuestros límites

Hay una parte del autocuidado de la que hablamos menos: aceptar que no podemos con todo.

Poner límites no siempre significa decir “no” a otras personas. En ocasiones significa decirnos “no” a nosotros mismos cuando intentamos abarcar más de lo que podemos sostener.

Quizá hoy no puedo hacer deporte.

Quizá esta semana no puedo mantener mi rutina perfecta.

Quizá necesito cancelar un plan.

Quizá necesito pedir ayuda.

Quizá estoy atravesando una etapa complicada y mi objetivo no puede ser estar bien todo el tiempo.

Esto también es autocuidado.

Como psicóloga en Viladecans, creo que el autocuidado se vuelve más saludable cuando dejamos de utilizarlo para exigirnos estar siempre bien. Cuidarse no significa evitar el malestar. Significa poder reconocerlo, escucharlo y buscar recursos para atravesarlo.

Menos “debería” y más “¿qué necesito?”

Quizá podemos cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos:

“¿Qué debería hacer para cuidarme?”

Podemos empezar a preguntarnos:

“¿Qué necesito hoy?”

Puede parecer una modificación pequeña, pero cambia completamente el punto de partida.

La primera pregunta busca una respuesta correcta.

La segunda busca escucharnos.

Y quizá hoy la respuesta sea descansar. O hablar. O poner un límite. O movernos. O llorar. O pedir ayuda. O simplemente hacer menos.

No existe una rutina perfecta de autocuidado que funcione para todo el mundo.

Existe la posibilidad de aprender a escucharnos.

El autocuidado no debería convertirse en otra forma de presión

Me gustaría que pudiéramos recuperar una idea sencilla: cuidarnos no consiste en cumplir una lista interminable de hábitos saludables.

El autocuidado también puede ser imperfecto.

Puede ser irregular.

Puede cambiar.

Puede tener días buenos y días en los que apenas podemos hacer lo básico.

Y eso no significa que lo estemos haciendo mal.

Desde mi trabajo como psicóloga en Viladecans, abordar el autocuidado como una obligación implica precisamente revisar todas esas exigencias que hemos interiorizado y preguntarnos si realmente nos ayudan o si están aumentando nuestra presión.

Quizá cuidarnos no sea añadir una actividad más a nuestra agenda.

Quizá, en algunos momentos, sea quitar algo.

Si necesitas aprender a cuidarte sin exigirte más, puedo acompañarte

Si al leer este artículo has pensado que tu manera de cuidarte se ha convertido en otra fuente de presión, no tienes por qué resolverlo todo por tu cuenta.

En terapia podemos explorar de dónde vienen esas exigencias, cómo te relacionas contigo mismo o contigo misma, qué papel tienen el perfeccionismo, la culpa o la necesidad de control y qué necesitas realmente para sentirte mejor.

Como psicóloga en Viladecans, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro y sin juicios en el que puedas comprender lo que te está ocurriendo y empezar a construir una relación contigo más flexible y amable.

Si sientes que ha llegado el momento de parar, escucharte y aprender a cuidarte sin convertir el bienestar en otra obligación, puedes agendar una cita conmigo en Serveis Atenció Terapèutica, en Viladecans.

Estaré encantada de acompañarte en este proceso.

Mariola López López

Psicóloga General Sanitaria
Grado en Psicología (UOC)

Máster Psicología General Sanitaria (Universidad Europea)

Experto universitario en Adicciones a nuevas tecnologías y drogodependencia (UNIR)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans)
  • Prácticas como psicóloga residente en en Instituto Psicológico Álvarez-Rovira (Viladecans)
  • Prácticas como psicóloga residente en el Centro de Psicología de Castelldefels (Castelldefels)
  • Prácticas de investigación en área psicosocial en la UOC
Formación complementaria
  • Curso «Comprensión y tratamiento de la agorafobia y la crisis de angustia» (COPC).
  • Curso «Terapia basada en Inteligencia Emocional» (COPC).
  • Curso «Terapia de Pareja” (AEPSIS).
CERTIFICACIÓN DE EXCELENCIA
El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA VILADECANS: PRIMEROS SÍNTOMAS DE UN TCA

El primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans explicando los síntomas de un TCA y las primeras señales de alerta relacionadas con la alimentación, el cuerpo y la autoestima.

Soy Laia Montero Gascó, Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense, y trabajo como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención clínica en la Universitat Ramon Llull y posteriormente cursé el Máster Universitario en Psicología Jurídica y el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, ambos en la VIU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado con población infantil, juvenil y adulta, así como en el ámbito de las adicciones y en diferentes contextos clínicos y sociales. Mi formación también incluye prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva y primeros auxilios psicológicos, entre otras especializaciones. Desde mi experiencia en consulta, hay algo que he aprendido y que considero fundamental cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria: el primer síntoma de un TCA casi nunca es la comida.

Cuando pensamos en un TCA, solemos mirar demasiado pronto al plato

Cuando alguien escucha hablar de un trastorno de la conducta alimentaria, es habitual que piense inmediatamente en comida: dejar de comer determinados alimentos, contar calorías, darse atracones, vomitar después de comer o preocuparse excesivamente por el peso.

Y, efectivamente, estas conductas pueden formar parte de un TCA. Pero cuando acompaño a una persona en consulta, muchas veces encuentro que la dificultad empezó bastante antes de que aparecieran cambios evidentes en su alimentación.

A veces empezó con una necesidad intensa de control.

O con una sensación de no ser suficiente.

Con una comparación constante con otras personas.

Con una autoestima cada vez más vinculada al aspecto físico.

Con la dificultad para gestionar determinadas emociones.

Con una relación complicada con el propio cuerpo.

Por eso, como psicóloga en Viladecans, cuando observo posibles síntomas de TCA no me centro únicamente en qué come una persona. También intento comprender qué está ocurriendo en su mundo emocional, familiar, social y personal.

El control puede ser una de las primeras señales

Una de las señales que considero especialmente importantes es la necesidad creciente de control.

Hay personas que comienzan a establecer pequeñas reglas alrededor de la alimentación. Al principio pueden parecer inocentes: eliminar un alimento concreto, evitar cenar fuera, pesarse con frecuencia o empezar a controlar determinadas cantidades.

El problema aparece cuando estas reglas empiezan a ocupar cada vez más espacio mental.

La persona puede sentir que necesita cumplirlas para estar tranquila. Puede experimentar culpa si se las salta o ansiedad ante situaciones en las que no puede controlar qué va a comer.

Desde fuera quizá todavía no parezca que exista un problema grave.

Sin embargo, internamente puede estar ocurriendo algo importante.

Cuando la alimentación empieza a determinar el estado de ánimo, la vida social o la percepción que alguien tiene de sí mismo, merece la pena prestar atención.

La autoestima puede empezar a depender del cuerpo

Otra señal que observo en consulta tiene que ver con la autoestima.

Cuando una persona comienza a sentir que su valor depende de cómo se ve, de cuánto pesa o de cómo encaja en determinados cánones estéticos, su relación con el cuerpo puede volverse progresivamente más rígida.

«Hoy me veo fatal».

«He engordado».

«No puedo ponerme esta ropa».

«Cuando consiga adelgazar, estaré mejor».

«Si como esto, voy a estropearlo todo».

Estas frases pueden parecer comentarios cotidianos, pero cuando se repiten constantemente y empiezan a condicionar la vida de una persona, pueden estar expresando un malestar más profundo.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, los síntomas relacionados con un TCA los entiendo dentro de un contexto mucho más amplio: autoestima, emociones, pensamientos, relaciones, autoconcepto y circunstancias vitales.

Dejar de disfrutar también puede ser una señal

Hay otra cuestión que considero especialmente relevante: qué cosas está dejando de hacer la persona.

Quizá antes disfrutaba de quedar con sus amistades y ahora evita restaurantes.

Quizá participaba en celebraciones familiares y ahora siente ansiedad cuando hay comida de por medio.

Quizá le gustaba hacer deporte y ahora siente que tiene que entrenar obligatoriamente.

Quizá antes se vestía sin darle demasiadas vueltas y ahora pasa mucho tiempo intentando esconder determinadas partes de su cuerpo.

Cuando las preocupaciones relacionadas con la comida, el ejercicio o la imagen corporal comienzan a limitar la vida cotidiana, no deberíamos esperar a que la situación sea extrema para pedir ayuda.

Un TCA no se define únicamente por lo que una persona come. También puede observarse en todo aquello que empieza a dejar de hacer por miedo, culpa, vergüenza o necesidad de control.

La comparación constante puede alimentar el problema

Vivimos en un entorno en el que la comparación es muy fácil.

Redes sociales, fotografías editadas, contenidos sobre alimentación, rutinas de ejercicio, mensajes sobre cuerpos «ideales»… Todo ello puede influir en la forma en la que una persona se relaciona con su propio cuerpo.

No significa que las redes sociales sean la causa directa de un TCA. Pero sí pueden convertirse en un factor que aumente determinadas preocupaciones, especialmente cuando existe vulnerabilidad previa.

En consulta, me interesa saber qué ocurre después de que alguien pasa tiempo viendo determinados contenidos.

¿Se siente peor con su cuerpo?

¿Comienza a compararse?

¿Siente que debería cambiar?

¿Aumenta su necesidad de controlar la alimentación?

¿Empieza a evitar determinados alimentos?

Cuando como psicóloga en Viladecans valoro los síntomas de un TCA, estas preguntas pueden ayudarme a entender mejor qué función están cumpliendo determinadas conductas y qué factores están manteniendo el malestar.

No todo se ve desde fuera

Una de las ideas que más me gustaría transmitir es que una persona puede estar sufriendo un TCA aunque su entorno no lo perciba.

El sufrimiento psicológico no siempre es visible.

Puede haber personas que continúen estudiando, trabajando, quedando con amistades y aparentemente llevando una vida normal mientras dedican una enorme cantidad de energía mental a la comida, al cuerpo o al peso.

Por eso considero importante evitar comentarios como «pero si estás bien», «no parece que tengas ningún problema» o «solo tienes que comer».

La intención puede ser buena, pero este tipo de respuestas pueden hacer que la persona se sienta incomprendida y tenga todavía más dificultades para pedir ayuda.

¿Qué otros síntomas deberían hacernos estar alerta?

No existe un único síntoma que permita determinar por sí mismo que una persona tiene un TCA. Sin embargo, hay cambios que pueden justificar una valoración profesional:

  • Preocupación excesiva por el peso, el cuerpo o la alimentación.
  • Evitación progresiva de determinados alimentos o situaciones sociales.
  • Necesidad constante de compensar después de comer.
  • Ejercicio vivido desde la obligación o la culpa.
  • Atracones o sensación de pérdida de control al comer.
  • Comer a escondidas.
  • Pesarse o comprobar el cuerpo de manera repetitiva.
  • Sentir culpa, ansiedad o vergüenza después de comer.
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios.
  • Aislamiento social relacionado con la comida.
  • Cambios de humor, irritabilidad o preocupación constante.
  • Dificultades para concentrarse debido a pensamientos relacionados con alimentación o imagen corporal.

Estos indicadores no equivalen automáticamente a un diagnóstico. Precisamente por eso, ante la aparición de varias señales, considero importante consultar con profesionales especializados y realizar una valoración individualizada.

Pedir ayuda no significa esperar a estar en el límite

Uno de los errores que encuentro con frecuencia es pensar que hay que esperar a que el problema sea «lo suficientemente grave».

No.

No es necesario esperar a que una persona haya perdido mucho peso, haya dejado completamente de comer o sufra consecuencias físicas importantes para pedir ayuda.

Cuanto antes se detecta una dificultad, más posibilidades existen de intervenir sobre ella antes de que se consolide y afecte a más áreas de la vida.

Además, detrás de una conducta alimentaria problemática puede haber diferentes necesidades y experiencias. Por eso, en terapia no se trata simplemente de decirle a alguien qué debería comer.

Necesitamos comprender qué está ocurriendo y qué función cumple esa conducta para esa persona.

Como profesional, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro, sin juicios, en el que podamos hablar de aquello que quizá cuesta explicar incluso a las personas más cercanas.

Como psicóloga, miro más allá de la comida

Cuando alguien llega a consulta y me dice «creo que tengo un problema con la comida», mi primera pregunta no es únicamente qué está comiendo.

Quiero conocer cómo se siente.

Qué piensa de sí mismo o de sí misma.

Cómo se relaciona con su cuerpo.

Qué está ocurriendo en su entorno.

Qué emociones le resultan más difíciles de manejar.

Qué ha cambiado últimamente.

Y, sobre todo, cuánto espacio está ocupando todo esto en su vida.

Para mí, esta mirada es fundamental. Porque detrás de un comportamiento relacionado con la alimentación puede existir ansiedad, inseguridad, perfeccionismo, dificultades emocionales, experiencias vitales difíciles, presión social, problemas de autoestima u otras circunstancias que necesitan ser atendidas.

Por eso, cuando hablo de síntomas de TCA desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, insisto en que debemos mirar más allá de la comida. El objetivo no es únicamente modificar una conducta, sino comprender a la persona que hay detrás y acompañarla en la recuperación de una relación más saludable consigo misma.

Si algo de esto te resulta familiar, podemos hablarlo

Si tú, tu hijo, tu hija, tu pareja o alguien cercano está empezando a mostrar cambios preocupantes en su relación con la alimentación, el cuerpo o el ejercicio, no hace falta esperar a que el problema vaya a más para consultar.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarte en una primera valoración para comprender qué está ocurriendo y determinar qué tipo de intervención puede ser la más adecuada en cada caso. Si después de leer este artículo te has reconocido en alguno de estos síntomas de TCA, pedir ayuda puede ser un primer paso importante.

No tienes que llegar al límite para merecer atención.

Puedes agendar una cita conmigo y empezar a hablar de aquello que te preocupa en un espacio profesional, cercano y sin juicios.

Soy Laia Montero Gascó, psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y estaré encantada de acompañarte.

Laia Montero Gascó

Psicóloga General Sanitaria, jurídica y forense

Grado en Psicología con mención clínica (Universitat Ramon Llull)

Máster universitario en Psicología Jurídica (VIU)

Máster universitario en Psicología General Sanitaria (VIU)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Psicóloga en adicciones en Associació Retorn (Barcelona)
  • Psicóloga en prácticas en Ita Avenir (Barcelona).
  • Psicóloga en programas formativos en medidas penales en la Fundació IRES (Barcelona).
  • Psicóloga de tránsito y la seguridad vial en Centre Mèdic Unió.
  • Psicóloga infantil, juvenil y de adultos en Centre Mèdic Censalu (Gavá).
  • Psicóloga en prácticas en el Instituto NEPP (Barcelona).
Formación complementaria
  • Curso «Primeros auxilios psicológicos en violencia sexual. Herramientas aplicadas. El cine como ejemplo».
  • Curso «Prevención e intervención en conducta suicida y autolesiva».
  • Curso «La mente de un pedófilo. Bases del abordaje de la pedofilia desde la consulta clínica».
  • Curso «Formación en realidad virtual para medidas penales alternativas».
¿Estamos eigiendo demasiado a los niños demasiado pronto? | Psicología Viladecans

¿Estamos eigiendo demasiado a los niños demasiado pronto? | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA INFANTIL VILADECANS: LA EXIGENCIA EN LA INFANCIA

¿Estamos exigiendo demasiado a los niños demasiado pronto? | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans reflexiona sobre la exigencia infantil y las expectativas hacia niños y niñas.

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Soy graduada en Psicología y tengo un Máster en Psicología General Sanitaria. A lo largo de mi formación he realizado cursos especializados en acompañamiento en el proceso de duelo, TEA, mindfulness y neuroliderazgo, además de mis prácticas de psicología clínica en el CSMA de Gavà. Actualmente desarrollo mi actividad profesional acompañando a niños, niñas, adolescentes y personas adultas desde una mirada cercana, respetuosa y centrada en sus necesidades.

Hay una pregunta que cada vez me hago más a menudo en consulta: ¿estamos exigiendo demasiado a nuestros niños y niñas demasiado pronto?

No me refiero únicamente a las notas, a los deberes o a que aprendan determinadas habilidades a una edad concreta. Hablo de algo mucho más amplio: esperar que sepan gestionar sus emociones, tolerar la frustración, ser autónomos, organizarse, rendir académicamente, relacionarse adecuadamente y, además, hacerlo todo con una madurez que quizá todavía no corresponde a su etapa evolutiva.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, observo que la exigencia infantil no siempre se presenta de una forma evidente. A veces aparece disfrazada de preocupación, de deseo de ayudar o incluso de buenas intenciones.

Y precisamente por eso merece la pena detenernos a observarla.

Niños y niñas que parecen tener una agenda de adultos

En consulta encuentro cada vez más familias preocupadas porque sus hijos e hijas están cansados, irritables, desmotivados o tienen dificultades para concentrarse.

Cuando hablamos de su día a día, en ocasiones aparece una agenda repleta: colegio, deberes, actividades extraescolares, deporte, idiomas, tecnología, compromisos familiares y poco tiempo para algo que considero fundamental durante la infancia: jugar, aburrirse, descansar y no hacer nada productivo.

Como psicóloga en Viladecans, creo que necesitamos revisar qué entendemos por exigencia infantil. Exigir no siempre significa presionar de manera explícita. También podemos estar transmitiendo, sin darnos cuenta, que siempre hay que aprovechar el tiempo, mejorar, aprender algo nuevo o alcanzar un determinado resultado.

Pero un niño o una niña no necesita convertir cada minuto de su día en una oportunidad de rendimiento.

Necesita crecer.

Y crecer implica también equivocarse, probar, aburrirse, imaginar, cambiar de opinión, descansar y tener momentos en los que simplemente pueda ser.

La infancia no es una versión pequeña de la edad adulta

Uno de los errores que podemos cometer es interpretar determinados comportamientos infantiles desde parámetros adultos.

Esperamos que un niño se calme rápidamente cuando está enfadado. Que una niña explique con claridad qué le ocurre cuando está triste. Que puedan organizar sus tareas, controlar sus impulsos, esperar, compartir, aceptar un “no” y resolver conflictos de manera razonable.

Pero todas estas capacidades se encuentran todavía en desarrollo.

El cerebro infantil necesita tiempo y experiencias para desarrollar habilidades como la autorregulación emocional, la planificación o el control de impulsos. Por eso, cuando hablamos de psicología infantil en Viladecans, considero imprescindible tener presente la edad y el momento evolutivo de cada niño o niña.

No podemos pedir la misma capacidad de regulación emocional a una criatura de cinco años que a un adolescente de quince.

Y tampoco podemos interpretar de la misma manera un comportamiento que puede ser completamente esperable en una determinada etapa.

Cuando el “tienes que poder” pesa demasiado

Hay una diferencia importante entre acompañar a un niño a desarrollar una habilidad y exigirle que ya la tenga.

Puedo decir:

“Vamos a aprender juntos a organizar tu mochila”.

O puedo transmitir:

“Ya eres mayor para saber hacerlo”.

Puedo acompañar una rabieta:

“Entiendo que estás enfadado. Estoy aquí y vamos a calmarnos”.

O responder:

“Deja de llorar, no es para tanto”.

Puedo ayudar ante un error académico:

“Vamos a ver qué ha pasado y qué podemos aprender”.

O hacer que interprete ese error como una prueba de que no es suficientemente bueno.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, he comprobado que la exigencia infantil sostenida puede terminar afectando no solo al bienestar emocional, sino también a la percepción que niños y niñas construyen de sí mismos.

Cuando el mensaje que reciben constantemente es “tienes que hacerlo mejor”, pueden acabar interiorizando otro mucho más doloroso: “tal y como soy, no es suficiente”.

¿Y si confundimos acompañar con adelantar etapas?

Existe una presión social importante por conseguir que los niños y niñas aprendan cuanto antes.

Antes a leer. Antes a escribir. Antes a hablar otro idioma. Antes a ser autónomos. Antes a controlar sus emociones. Antes a saber qué quieren. Antes a destacar.

Como profesional, considero que estimular es positivo. Ofrecer oportunidades de aprendizaje es positivo. Acompañar el desarrollo es necesario.

Pero adelantar constantemente las etapas no significa necesariamente favorecer el desarrollo.

Cada niño y cada niña tiene su propio ritmo. Hay diferencias individuales, temperamentales, cognitivas, emocionales y sociales que debemos respetar.

Por eso, cuando una familia consulta conmigo como psicóloga en Viladecans, intento que antes de preguntarnos “¿qué debería hacer ya?”, podamos preguntarnos algo diferente:

“¿Qué necesita ahora?”

La respuesta puede ser apoyo.

Puede ser límites.

Puede ser descanso.

Puede ser más autonomía.

Puede ser jugar.

Puede ser ayuda profesional.

O puede ser, sencillamente, que una persona adulta reduzca durante un momento las expectativas y vuelva a mirar al niño o a la niña que tiene delante.

La exigencia también puede venir de la comparación

Otro aspecto que observo con frecuencia es la comparación.

“Su hermano a su edad ya lo hacía”.

“Sus compañeros van mucho más avanzados”.

“La hija de unos amigos ya lee perfectamente”.

“Si se esfuerza, debería conseguirlo”.

Comparar puede parecer una manera de motivar, pero muchas veces genera inseguridad y sensación de insuficiencia.

La infancia no debería convertirse en una competición constante.

Desde mi perspectiva como psicóloga en Viladecans, trabajar la exigencia infantil implica también ayudar a las familias a sustituir la comparación por la observación.

No preguntarnos únicamente si nuestro hijo o nuestra hija está por delante o por detrás de los demás, sino observar cómo está evolucionando respecto a sí mismo o a sí misma.

¿Qué podía hacer hace unos meses?

¿Qué ha aprendido?

¿En qué necesita ayuda?

¿Qué se le da bien?

¿Qué le está costando?

Estas preguntas nos proporcionan mucha más información que compararle con otro niño o niña.

Exigencia no es lo mismo que límites

Hablar de reducir la exigencia no significa criar sin normas ni permitirlo todo.

Los niños y niñas necesitan límites. Necesitan rutinas. Necesitan aprender que sus actos tienen consecuencias y que existen normas de convivencia.

La diferencia está en cómo ponemos esos límites y qué esperamos de ellos.

Podemos mantener una norma y, al mismo tiempo, validar una emoción.

Podemos pedir responsabilidad sin exigir perfección.

Podemos enseñar autonomía sin abandonarles cuando algo les cuesta.

Podemos mantener expectativas realistas sin convertir cada error en un problema.

Para mí, una crianza saludable no consiste en eliminar todas las dificultades del camino, sino en asegurarnos de que el niño o la niña no tiene que recorrerlas en soledad.

Quizá necesitan menos presión y más presencia

A veces, cuando una familia llega a consulta preocupada porque su hijo o hija “no está funcionando como debería”, antes de pensar en qué debemos corregir, necesitamos escuchar.

¿Qué está intentando comunicar con su conducta?

¿Está cansado?

¿Está sobrecargado?

¿Está preocupado?

¿Tiene demasiadas actividades?

¿Está atravesando algún cambio?

¿Necesita más tiempo de conexión con sus figuras de referencia?

¿O existe alguna dificultad específica que requiere una valoración profesional?

No todo comportamiento difícil significa que un niño o una niña necesite esforzarse más.

A veces necesita que nosotros entendamos mejor qué le está pasando.

Y esta es una de las cuestiones que más me gustaría transmitir desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans: detrás de una conducta que nos preocupa puede existir una necesidad que todavía no sabe expresar con palabras.

¿Qué podemos hacer desde casa?

No necesitamos convertirnos en madres, padres o profesionales perfectos. De hecho, perseguir esa perfección también puede generar una enorme presión.

Podemos empezar por pequeños cambios:

  • Revisar si la agenda de nuestro hijo o hija tiene suficiente espacio para descansar y jugar.
  • Valorar el esfuerzo sin convertir el resultado en la única medida de éxito.
  • Adaptar nuestras expectativas a su edad y desarrollo.
  • Evitar comparaciones con hermanos, hermanas o compañeros.
  • Permitir que se equivoque sin hacerle sentir que decepciona.
  • Acompañar sus emociones en lugar de exigir que desaparezcan inmediatamente.
  • Dar responsabilidades progresivas, acordes con sus capacidades.
  • Preguntarnos qué necesita antes de preguntarnos qué debería estar haciendo.
  • Reservar momentos de conexión familiar sin objetivos, tareas ni pantallas.

Y, sobre todo, recordar algo que intento tener muy presente en mi práctica profesional: un niño o una niña no tiene que demostrar constantemente que merece nuestro orgullo.

Necesita sentir que puede ser querido, escuchado y acompañado incluso cuando algo no le sale bien.

Cuando la exigencia empieza a afectar a su bienestar

Si observamos cambios importantes en el estado de ánimo, ansiedad, problemas de sueño, irritabilidad frecuente, rechazo escolar, dificultades de concentración, somatizaciones, aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba o una preocupación excesiva por hacerlo todo bien, puede ser recomendable pedir orientación profesional.

No porque haya que etiquetar inmediatamente lo que está ocurriendo, sino porque comprender a tiempo puede prevenir que el malestar se haga más grande.

En mi consulta, como psicóloga en Viladecans, mi objetivo es crear un espacio seguro en el que podamos entender qué está ocurriendo y buscar estrategias adaptadas a cada niño, niña, adolescente y familia.

Si necesitas ayuda, podemos hablar

Si leyendo este artículo te has preguntado si quizá estás exigiendo demasiado a tu hijo o hija, no significa que estés haciendo las cosas mal.

La crianza está llena de dudas. Nadie recibe un manual que explique exactamente qué necesita cada niño o niña en cada momento.

Pedir ayuda tampoco significa haber fracasado. En muchas ocasiones significa precisamente lo contrario: estar dispuesto o dispuesta a comprender mejor y acompañar mejor.

Si percibes que tu hijo o hija está sufriendo, que la presión académica o familiar está afectando a su bienestar, que existen dificultades emocionales o que simplemente necesitas orientación para entender qué está ocurriendo, estaré encantada de acompañaros.

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y podemos valorar juntos qué está necesitando vuestro hijo o hija y qué podemos hacer para ayudarle a crecer con más seguridad, confianza y bienestar.

Puedes solicitar una cita conmigo y comenzar a trabajar en un espacio cercano, respetuoso y adaptado a las necesidades de cada familia.

Selene Cabello

Psicóloga General Sanitaria

Grado en Psicología y Máster en Psicología General Sanitaria

Experiencia Laboral
  • Reeducadora en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Prácticas de psicología clínica en el CSMA (Gavá)
Formación complementaria
  • Curso «Acompañamiento en el proceso de duelo».
  • Curso «TEA».
  • Curso «Mindfulness».
  • Curso «Neuroliderazgo».
La agenda de muchos niños parece la de un adulto | Psicología infantil Viladecans

La agenda de muchos niños parece la de un adulto | Psicología infantil Viladecans

PSICÓLOGA INFANTIL VILADECANS: ¿TU HIJO/A TIENE LA AGENDA LLENA?

La agenda de muchos niños parece la de un adulto | Psicología infantil Viladecans

Psicóloga infantil en Viladecans reflexiona sobre la agenda de los niños.

Mi nombre es Bárbara Ochoa López, soy graduada en Psicología por la UOC, cuento con estudios en Naturopatía y desarrollo mi labor como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, donde acompaño a niños, niñas, adolescentes y sus familias en diferentes momentos de su desarrollo. A lo largo de mi experiencia profesional he comprobado que muchas de las dificultades emocionales que aparecen durante la infancia no siempre tienen su origen en un único acontecimiento. En numerosas ocasiones están relacionadas con el ritmo de vida que llevamos como sociedad y con las exigencias que, sin darnos cuenta, trasladamos también a los más pequeños y pequeñas.

Como psicóloga infantil en Viladecans, cuando observo la agenda de los niños durante las primeras entrevistas con las familias, descubro horarios llenos de actividades desde primera hora de la mañana hasta la noche. Esta realidad se repite cada vez con más frecuencia y merece una reflexión.

Cuando la infancia deja de tener tiempo para ser infancia

Vivimos en una sociedad que valora la productividad, el rendimiento y el aprovechamiento constante del tiempo. Sin quererlo, este modelo también ha llegado a la infancia.

Muchos niños y niñas comienzan el día con el colegio, continúan con actividades extraescolares, idiomas, deporte, música, refuerzo escolar o clases particulares. Cuando llegan a casa todavía les esperan deberes, ducharse, cenar y preparar el día siguiente.

En consulta suelo preguntar una cuestión muy sencilla:

«¿Cuándo tiene tiempo para aburrirse?»

La respuesta, en muchas ocasiones, es un silencio.

Y ese silencio dice mucho.

El aburrimiento también forma parte del desarrollo

Existe la creencia de que un niño o una niña debe estar constantemente estimulado para desarrollar todo su potencial. Sin embargo, el cerebro infantil también necesita momentos de calma.

El aburrimiento permite:

  • Desarrollar la creatividad.
  • Favorecer el juego espontáneo.
  • Aprender a gestionar la frustración.
  • Escuchar las propias emociones.
  • Descansar del exceso de estímulos.

Como psicóloga infantil en Viladecans, cuando reviso la agenda de los niños con las familias, suelo explicar que el desarrollo no depende únicamente de hacer muchas actividades, sino también de disponer de espacios para imaginar, descansar y simplemente jugar.

Más actividades no siempre significan más oportunidades

Es comprensible que madres y padres quieran ofrecer lo mejor a sus hijos e hijas.

Las actividades extraescolares pueden aportar numerosos beneficios:

  • Mejorar habilidades sociales.
  • Favorecer el aprendizaje.
  • Descubrir nuevos intereses.
  • Incrementar la autoestima.
  • Potenciar hábitos saludables.

El problema aparece cuando la suma de todas ellas deja de respetar las necesidades del propio niño o niña.

No todos disfrutan del mismo ritmo.

No todos necesitan hacer cuatro actividades distintas.

No todos toleran igual el cansancio.

Cada infancia es diferente.

Las señales que pueden indicar una sobrecarga

En consulta observo algunas señales que pueden aparecer cuando un niño o una niña mantiene un ritmo excesivamente exigente durante demasiado tiempo.

Entre ellas destacan:

  • Irritabilidad frecuente.
  • Mayor dificultad para concentrarse.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Dolores de cabeza o de barriga sin causa médica.
  • Llanto por situaciones pequeñas.
  • Cansancio constante.
  • Desmotivación hacia actividades que antes disfrutaban.
  • Mayor dependencia emocional.
  • Conductas desafiantes.

Estas señales no siempre significan que exista un problema grave, pero sí pueden indicar que el organismo necesita bajar el ritmo.

Como psicóloga infantil en Viladecans, cuando analizo la agenda de los niños, muchas veces descubro que apenas existen momentos libres durante toda la semana.

El juego libre es una necesidad, no un premio

A menudo escucho frases como:

«Primero termina todas tus obligaciones y luego podrás jugar.»

Sin embargo, el juego no debería entenderse únicamente como una recompensa.

El juego libre constituye una necesidad evolutiva.

A través del juego, niños y niñas:

  • Elaboran emociones.
  • Practican habilidades sociales.
  • Aprenden a resolver conflictos.
  • Desarrollan funciones ejecutivas.
  • Experimentan diferentes roles.
  • Construyen su autoestima.

Cuando el tiempo destinado al juego desaparece porque toda la tarde está ocupada por actividades estructuradas, también desaparecen muchas oportunidades de aprendizaje emocional.

¿Cómo encontrar un equilibrio?

No se trata de eliminar todas las actividades.

Tampoco de renunciar a oportunidades que pueden resultar enriquecedoras.

La clave está en encontrar un equilibrio adaptado a cada niño o niña.

Algunas preguntas que suelo plantear a las familias son:

  • ¿Ha elegido realmente esa actividad?
  • ¿Disfruta cuando va o simplemente cumple?
  • ¿Tiene tiempo para jugar sin normas?
  • ¿Descansa lo suficiente?
  • ¿Hay tardes completamente libres?
  • ¿Existe espacio para estar con la familia sin prisas?

Como psicóloga infantil en Viladecans, revisar la agenda de los niños desde esta perspectiva suele ayudar a detectar pequeños cambios que generan un gran bienestar.

También necesitamos revisar nuestras expectativas

En ocasiones, sin pretenderlo, proyectamos nuestras ilusiones sobre nuestros hijos e hijas.

Queremos que aprendan idiomas, practiquen deporte, desarrollen habilidades musicales, tengan buenos resultados académicos y además sean felices.

Pero la felicidad no depende de hacer muchas cosas.

Depende, en gran parte, de sentirse visto, escuchado y acompañado.

A veces el mejor regalo que podemos ofrecerles es una tarde sin reloj.

Una tarde para construir una cabaña con mantas.

Para inventar historias.

Para correr en un parque.

Para hablar durante la cena sin mirar la hora.

Esos momentos también educan.

Y, probablemente, dejan recuerdos mucho más valiosos que una agenda completamente llena.

Cada niño y cada niña necesita un ritmo diferente

No existen agendas perfectas.

Lo que funciona para una familia puede no funcionar para otra.

Por eso considero tan importante observar a cada niño y niña desde una perspectiva individual, teniendo en cuenta su personalidad, sus necesidades emocionales, su momento evolutivo y el contexto familiar.

En muchas ocasiones, pequeños cambios en la organización semanal consiguen disminuir el estrés, mejorar el descanso y favorecer un ambiente mucho más tranquilo en casa.

Escuchar cómo se sienten los niños y las niñas, respetar sus tiempos y permitirles disfrutar de una infancia menos acelerada constituye una inversión en su bienestar presente y futuro.

Estoy aquí para acompañaros

Si sientes que vuestro hijo o hija está mostrando señales de cansancio, estrés, irritabilidad o dificultades emocionales relacionadas con el ritmo del día a día, estaré encantada de acompañaros. Como psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, mi objetivo es ofrecer un espacio seguro donde tanto niños y niñas como sus familias puedan comprender qué está ocurriendo y encontrar herramientas adaptadas a sus necesidades.

Como psicóloga infantil en Viladecans, cuando revisamos juntos la agenda de los niños, no buscamos que hagan menos por sistema, sino que vivan una infancia más equilibrada, saludable y respetuosa con su desarrollo. Si crees que este puede ser vuestro caso, te invito a pedir una cita conmigo. Estaré encantada de conoceros, escuchar vuestra situación y acompañaros en este proceso hacia un mayor bienestar emocional.

Bárbara Ochoa López

Psicóloga

Grado en Psicología (UOC)

Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
Formación complementaria
  • Estudios de Naturopatía
El miedo a decepcionar a los demás en la edad adulta | Psicología Viladecans

El miedo a decepcionar a los demás en la edad adulta | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans especializada en miedo a decepcionar hablando sobre cómo la necesidad de agradar afecta a la autoestima y las relaciones en la edad adulta.

Mi nombre es Nazaret Yeste Vilchez, terapeuta y coach estratégica en Serveis Atenció Terapèutica. A lo largo de mi trayectoria profesional me he especializado en terapia breve estratégica, coaching estratégico y acompañamiento emocional, además de contar con formación en psicología forense, mindfulness, inteligencia emocional y programación neurolingüística. Durante años he acompañado tanto a adolescentes como a personas adultas que viven con una sensación constante de presión por agradar, cumplir expectativas o evitar decepcionar a quienes les rodean. Como profesional que trabaja cada día como psicóloga en Viladecans con personas que sufren miedo a decepcionar, he podido comprobar cómo este patrón emocional afecta profundamente a la autoestima, las relaciones y el bienestar psicológico.

Cuando agradar se convierte en una necesidad

Muchas personas adultas llegan a consulta agotadas emocionalmente sin entender exactamente qué les ocurre. A menudo explican frases como:

  • “No sé decir que no”.
  • “Me siento culpable si priorizo mis necesidades”.
  • “Necesito que todo el mundo esté bien conmigo”.
  • “Tengo miedo de decepcionar a mis padres, pareja o amistades”.
  • “Siento ansiedad cuando alguien se enfada conmigo”.

Detrás de estas dificultades suele existir un miedo muy profundo al rechazo o a perder el vínculo con las demás personas. Como psicóloga en Viladecans especializada en miedo a decepcionar en la edad adulta, observo que muchas personas han aprendido desde pequeñas que su valor dependía de comportarse bien, cumplir expectativas o evitar generar problemas.

El origen del miedo a decepcionar

En consulta vemos con frecuencia que este miedo no aparece de la nada. Suele construirse poco a poco a través de experiencias vitales, dinámicas familiares o aprendizajes emocionales.

Algunas personas crecieron en entornos muy exigentes, donde el error se castigaba o donde recibir reconocimiento dependía del rendimiento académico, la conducta o el sacrificio personal. Otras crecieron asumiendo roles de responsabilidad emocional demasiado pronto: cuidando de sus padres, evitando conflictos o intentando mantener la armonía familiar.

También existen casos en los que el afecto era impredecible. Personas que aprendieron a estar pendientes constantemente del estado emocional de quienes les rodeaban para evitar tensión, críticas o rechazo.

Como psicóloga en Viladecans con experiencia en miedo a decepcionar, veo que muchas personas adultas continúan funcionando desde esos aprendizajes infantiles incluso cuando ya no son necesarios. El problema es que vivir constantemente intentando no fallar a los demás acaba desconectándonos de nuestras propias necesidades.

Cómo afecta este miedo en la vida adulta

El miedo a decepcionar puede parecer algo “normal” o incluso una señal de responsabilidad. Sin embargo, cuando se vuelve excesivo, genera un gran desgaste emocional.

Muchas personas viven:

Ansiedad constante

La necesidad de agradar provoca hipervigilancia emocional. La persona analiza continuamente si ha molestado, si alguien estará enfadado o si podría haber hecho más.

Dificultad para poner límites

Decir “no” genera culpa intensa. Esto lleva a aceptar responsabilidades, compromisos o situaciones que realmente no desean.

Relaciones desequilibradas

Quien teme decepcionar suele priorizar continuamente a las demás personas. Con el tiempo aparece agotamiento, resentimiento o sensación de vacío.

Baja autoestima

El valor personal queda condicionado a la aprobación externa. Cuando alguien critica, se distancia o muestra descontento, la persona siente que no vale lo suficiente.

Bloqueo en la toma de decisiones

Elegir algo pensando en una misma puede vivirse como egoísmo. Por eso muchas personas se paralizan intentando tomar la decisión “correcta” para todo el mundo.

Como psicóloga en Viladecans experta en miedo a decepcionar, he acompañado a personas que llevaban años viviendo para cumplir expectativas ajenas sin darse cuenta de cuánto estaban descuidándose emocionalmente.

El problema de ser “la persona que siempre puede con todo”

Existe un perfil que veo muy frecuentemente en terapia: personas aparentemente fuertes, responsables y resolutivas. Personas que ayudan, escuchan, organizan y sostienen emocionalmente a quienes les rodean.

Desde fuera suelen recibir comentarios como:

  • “Eres muy madura”.
  • “Siempre estás para todo el mundo”.
  • “Qué suerte tenerte”.

Pero muchas veces, detrás de esa imagen, existe un cansancio enorme.

Cuando alguien vive pendiente de no decepcionar, acaba desconectándose de su propio malestar. Se acostumbran a funcionar aunque estén agotadas o agotados emocionalmente.

En consulta suelo trabajar mucho esta idea: cuidar de las demás personas no debería implicar abandonarse a una misma o a uno mismo.

¿Por qué cuesta tanto priorizarse?

Una de las frases más habituales que escucho en terapia es:
“Sé lo que necesito, pero me siento mala persona si lo hago”.

Esto ocurre porque muchas personas asocian priorizarse con egoísmo. Sin embargo, poner límites saludables no significa dejar de querer a los demás.

Como terapeuta, ayudo a mis pacientes a comprender que decepcionar ocasionalmente forma parte de cualquier relación sana. No podemos satisfacer constantemente las expectativas de todo el mundo.

Intentar hacerlo tiene un coste muy alto:

  • ansiedad,
  • agotamiento,
  • frustración,
  • pérdida de identidad,
  • dependencia emocional,
  • e incluso síntomas depresivos.

Como psicóloga en Viladecans con experiencia en miedo a decepcionar, considero fundamental trabajar la autoestima y aprender a tolerar el malestar que aparece cuando empezamos a priorizarnos.

Cómo trabajo este miedo en terapia

Cada persona tiene una historia distinta, por eso el proceso terapéutico siempre se adapta a las necesidades individuales. Sin embargo, existen algunos objetivos comunes que solemos trabajar en consulta.

Identificar el origen del patrón

Entender de dónde viene este miedo ayuda a dejar de culpabilizarse. Muchas personas sienten alivio cuando comprenden que no “son demasiado sensibles”, sino que aprendieron determinadas formas de relacionarse para sentirse seguras emocionalmente.

Aprender a poner límites

Poner límites no es atacar ni rechazar a las demás personas. Es aprender a proteger nuestro espacio emocional.

En terapia trabajamos herramientas de comunicación asertiva y gestión emocional para que la persona pueda expresarse sin sentirse culpable.

Reducir la necesidad de aprobación

Uno de los objetivos más importantes es que la autoestima deje de depender exclusivamente de la validación externa.

Reconectar con las propias necesidades

Muchas personas llegan a consulta sin saber qué quieren realmente porque llevan años priorizando a los demás. Recuperar esa conexión interna es clave para el bienestar emocional.

Gestionar la culpa

La culpa aparece con mucha frecuencia cuando empezamos a cambiar dinámicas. Aprender a sostener esa incomodidad forma parte del proceso terapéutico.

Como psicóloga en Viladecans especializada en miedo a decepcionar, trabajo desde un enfoque cercano, práctico y estratégico para ayudar a cada persona a construir relaciones más sanas consigo misma y con quienes le rodean.

No necesitas demostrar constantemente tu valor

Algo que repito mucho en consulta es esto:
Tu valor no depende de cuánto haces por los demás.

No necesitas estar siempre disponible.
No necesitas evitar todos los conflictos.
No necesitas cargar con todo para merecer amor o aceptación.

Aprender a decepcionar ocasionalmente también es una forma de salud emocional.

Porque cuando una persona empieza a respetarse, poner límites y escucharse, las relaciones dejan de basarse en el miedo y empiezan a construirse desde la autenticidad.

Agenda tu cita conmigo en Viladecans

Si sientes que vives constantemente pendiente de no decepcionar a los demás, si te cuesta poner límites o priorizarte sin culpa, la terapia puede ayudarte a entender qué hay detrás de este patrón y empezar a cambiarlo.

En Serveis Atenció Terapèutica acompaño a adolescentes y personas adultas desde un enfoque cercano, estratégico y adaptado a cada situación personal.

Soy Nazaret Yeste Vilchez, terapeuta y coach estratégica, y estaré encantada de acompañarte en tu proceso de bienestar emocional.

Puedes agendar una cita conmigo para empezar a trabajar aquello que hoy te está generando malestar y recuperar una forma de relacionarte más sana contigo misma y con los demás.

Nazaret Yeste Vilchez

Terapeuta y coach estratégica

Experta en psicología forense (Escuela Internacional de Criminología y Criminalística)

Terapia breve y coaching estratégico (Terapia Breve Sentirse Bien y AEAPro)

Experiencia Laboral
  • Terapeuta en Serveis d’Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Terapeuta, Freelance (Ene 2023 — Presente)
Formación complementaria
  • Curso «Mindfulness» (Generalitat de Catalunya)
  • Curso «Inteligencia emocional» (Generalitat de Catalunya)
  • Curso «Programación Neurolingüística» (Generalitat de Catalunya)
1
Escanea el código