: Exigencia infantil: ¿estamos exigiendo demasiado? | Psicología Viladecans

PSICÓLOGA INFANTIL VILADECANS: LA EXIGENCIA EN LA INFANCIA

¿Estamos exigiendo demasiado a los niños demasiado pronto? | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans reflexiona sobre la exigencia infantil y las expectativas hacia niños y niñas.

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Soy graduada en Psicología y tengo un Máster en Psicología General Sanitaria. A lo largo de mi formación he realizado cursos especializados en acompañamiento en el proceso de duelo, TEA, mindfulness y neuroliderazgo, además de mis prácticas de psicología clínica en el CSMA de Gavà. Actualmente desarrollo mi actividad profesional acompañando a niños, niñas, adolescentes y personas adultas desde una mirada cercana, respetuosa y centrada en sus necesidades.

Hay una pregunta que cada vez me hago más a menudo en consulta: ¿estamos exigiendo demasiado a nuestros niños y niñas demasiado pronto?

No me refiero únicamente a las notas, a los deberes o a que aprendan determinadas habilidades a una edad concreta. Hablo de algo mucho más amplio: esperar que sepan gestionar sus emociones, tolerar la frustración, ser autónomos, organizarse, rendir académicamente, relacionarse adecuadamente y, además, hacerlo todo con una madurez que quizá todavía no corresponde a su etapa evolutiva.

Desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans, observo que la exigencia infantil no siempre se presenta de una forma evidente. A veces aparece disfrazada de preocupación, de deseo de ayudar o incluso de buenas intenciones.

Y precisamente por eso merece la pena detenernos a observarla.

Niños y niñas que parecen tener una agenda de adultos

En consulta encuentro cada vez más familias preocupadas porque sus hijos e hijas están cansados, irritables, desmotivados o tienen dificultades para concentrarse.

Cuando hablamos de su día a día, en ocasiones aparece una agenda repleta: colegio, deberes, actividades extraescolares, deporte, idiomas, tecnología, compromisos familiares y poco tiempo para algo que considero fundamental durante la infancia: jugar, aburrirse, descansar y no hacer nada productivo.

Como psicóloga en Viladecans, creo que necesitamos revisar qué entendemos por exigencia infantil. Exigir no siempre significa presionar de manera explícita. También podemos estar transmitiendo, sin darnos cuenta, que siempre hay que aprovechar el tiempo, mejorar, aprender algo nuevo o alcanzar un determinado resultado.

Pero un niño o una niña no necesita convertir cada minuto de su día en una oportunidad de rendimiento.

Necesita crecer.

Y crecer implica también equivocarse, probar, aburrirse, imaginar, cambiar de opinión, descansar y tener momentos en los que simplemente pueda ser.

La infancia no es una versión pequeña de la edad adulta

Uno de los errores que podemos cometer es interpretar determinados comportamientos infantiles desde parámetros adultos.

Esperamos que un niño se calme rápidamente cuando está enfadado. Que una niña explique con claridad qué le ocurre cuando está triste. Que puedan organizar sus tareas, controlar sus impulsos, esperar, compartir, aceptar un “no” y resolver conflictos de manera razonable.

Pero todas estas capacidades se encuentran todavía en desarrollo.

El cerebro infantil necesita tiempo y experiencias para desarrollar habilidades como la autorregulación emocional, la planificación o el control de impulsos. Por eso, cuando hablamos de psicología infantil en Viladecans, considero imprescindible tener presente la edad y el momento evolutivo de cada niño o niña.

No podemos pedir la misma capacidad de regulación emocional a una criatura de cinco años que a un adolescente de quince.

Y tampoco podemos interpretar de la misma manera un comportamiento que puede ser completamente esperable en una determinada etapa.

Cuando el “tienes que poder” pesa demasiado

Hay una diferencia importante entre acompañar a un niño a desarrollar una habilidad y exigirle que ya la tenga.

Puedo decir:

“Vamos a aprender juntos a organizar tu mochila”.

O puedo transmitir:

“Ya eres mayor para saber hacerlo”.

Puedo acompañar una rabieta:

“Entiendo que estás enfadado. Estoy aquí y vamos a calmarnos”.

O responder:

“Deja de llorar, no es para tanto”.

Puedo ayudar ante un error académico:

“Vamos a ver qué ha pasado y qué podemos aprender”.

O hacer que interprete ese error como una prueba de que no es suficientemente bueno.

En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, he comprobado que la exigencia infantil sostenida puede terminar afectando no solo al bienestar emocional, sino también a la percepción que niños y niñas construyen de sí mismos.

Cuando el mensaje que reciben constantemente es “tienes que hacerlo mejor”, pueden acabar interiorizando otro mucho más doloroso: “tal y como soy, no es suficiente”.

¿Y si confundimos acompañar con adelantar etapas?

Existe una presión social importante por conseguir que los niños y niñas aprendan cuanto antes.

Antes a leer. Antes a escribir. Antes a hablar otro idioma. Antes a ser autónomos. Antes a controlar sus emociones. Antes a saber qué quieren. Antes a destacar.

Como profesional, considero que estimular es positivo. Ofrecer oportunidades de aprendizaje es positivo. Acompañar el desarrollo es necesario.

Pero adelantar constantemente las etapas no significa necesariamente favorecer el desarrollo.

Cada niño y cada niña tiene su propio ritmo. Hay diferencias individuales, temperamentales, cognitivas, emocionales y sociales que debemos respetar.

Por eso, cuando una familia consulta conmigo como psicóloga en Viladecans, intento que antes de preguntarnos “¿qué debería hacer ya?”, podamos preguntarnos algo diferente:

“¿Qué necesita ahora?”

La respuesta puede ser apoyo.

Puede ser límites.

Puede ser descanso.

Puede ser más autonomía.

Puede ser jugar.

Puede ser ayuda profesional.

O puede ser, sencillamente, que una persona adulta reduzca durante un momento las expectativas y vuelva a mirar al niño o a la niña que tiene delante.

La exigencia también puede venir de la comparación

Otro aspecto que observo con frecuencia es la comparación.

“Su hermano a su edad ya lo hacía”.

“Sus compañeros van mucho más avanzados”.

“La hija de unos amigos ya lee perfectamente”.

“Si se esfuerza, debería conseguirlo”.

Comparar puede parecer una manera de motivar, pero muchas veces genera inseguridad y sensación de insuficiencia.

La infancia no debería convertirse en una competición constante.

Desde mi perspectiva como psicóloga en Viladecans, trabajar la exigencia infantil implica también ayudar a las familias a sustituir la comparación por la observación.

No preguntarnos únicamente si nuestro hijo o nuestra hija está por delante o por detrás de los demás, sino observar cómo está evolucionando respecto a sí mismo o a sí misma.

¿Qué podía hacer hace unos meses?

¿Qué ha aprendido?

¿En qué necesita ayuda?

¿Qué se le da bien?

¿Qué le está costando?

Estas preguntas nos proporcionan mucha más información que compararle con otro niño o niña.

Exigencia no es lo mismo que límites

Hablar de reducir la exigencia no significa criar sin normas ni permitirlo todo.

Los niños y niñas necesitan límites. Necesitan rutinas. Necesitan aprender que sus actos tienen consecuencias y que existen normas de convivencia.

La diferencia está en cómo ponemos esos límites y qué esperamos de ellos.

Podemos mantener una norma y, al mismo tiempo, validar una emoción.

Podemos pedir responsabilidad sin exigir perfección.

Podemos enseñar autonomía sin abandonarles cuando algo les cuesta.

Podemos mantener expectativas realistas sin convertir cada error en un problema.

Para mí, una crianza saludable no consiste en eliminar todas las dificultades del camino, sino en asegurarnos de que el niño o la niña no tiene que recorrerlas en soledad.

Quizá necesitan menos presión y más presencia

A veces, cuando una familia llega a consulta preocupada porque su hijo o hija “no está funcionando como debería”, antes de pensar en qué debemos corregir, necesitamos escuchar.

¿Qué está intentando comunicar con su conducta?

¿Está cansado?

¿Está sobrecargado?

¿Está preocupado?

¿Tiene demasiadas actividades?

¿Está atravesando algún cambio?

¿Necesita más tiempo de conexión con sus figuras de referencia?

¿O existe alguna dificultad específica que requiere una valoración profesional?

No todo comportamiento difícil significa que un niño o una niña necesite esforzarse más.

A veces necesita que nosotros entendamos mejor qué le está pasando.

Y esta es una de las cuestiones que más me gustaría transmitir desde mi experiencia como psicóloga en Viladecans: detrás de una conducta que nos preocupa puede existir una necesidad que todavía no sabe expresar con palabras.

¿Qué podemos hacer desde casa?

No necesitamos convertirnos en madres, padres o profesionales perfectos. De hecho, perseguir esa perfección también puede generar una enorme presión.

Podemos empezar por pequeños cambios:

  • Revisar si la agenda de nuestro hijo o hija tiene suficiente espacio para descansar y jugar.
  • Valorar el esfuerzo sin convertir el resultado en la única medida de éxito.
  • Adaptar nuestras expectativas a su edad y desarrollo.
  • Evitar comparaciones con hermanos, hermanas o compañeros.
  • Permitir que se equivoque sin hacerle sentir que decepciona.
  • Acompañar sus emociones en lugar de exigir que desaparezcan inmediatamente.
  • Dar responsabilidades progresivas, acordes con sus capacidades.
  • Preguntarnos qué necesita antes de preguntarnos qué debería estar haciendo.
  • Reservar momentos de conexión familiar sin objetivos, tareas ni pantallas.

Y, sobre todo, recordar algo que intento tener muy presente en mi práctica profesional: un niño o una niña no tiene que demostrar constantemente que merece nuestro orgullo.

Necesita sentir que puede ser querido, escuchado y acompañado incluso cuando algo no le sale bien.

Cuando la exigencia empieza a afectar a su bienestar

Si observamos cambios importantes en el estado de ánimo, ansiedad, problemas de sueño, irritabilidad frecuente, rechazo escolar, dificultades de concentración, somatizaciones, aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba o una preocupación excesiva por hacerlo todo bien, puede ser recomendable pedir orientación profesional.

No porque haya que etiquetar inmediatamente lo que está ocurriendo, sino porque comprender a tiempo puede prevenir que el malestar se haga más grande.

En mi consulta, como psicóloga en Viladecans, mi objetivo es crear un espacio seguro en el que podamos entender qué está ocurriendo y buscar estrategias adaptadas a cada niño, niña, adolescente y familia.

Si necesitas ayuda, podemos hablar

Si leyendo este artículo te has preguntado si quizá estás exigiendo demasiado a tu hijo o hija, no significa que estés haciendo las cosas mal.

La crianza está llena de dudas. Nadie recibe un manual que explique exactamente qué necesita cada niño o niña en cada momento.

Pedir ayuda tampoco significa haber fracasado. En muchas ocasiones significa precisamente lo contrario: estar dispuesto o dispuesta a comprender mejor y acompañar mejor.

Si percibes que tu hijo o hija está sufriendo, que la presión académica o familiar está afectando a su bienestar, que existen dificultades emocionales o que simplemente necesitas orientación para entender qué está ocurriendo, estaré encantada de acompañaros.

Soy Selene Cabello, Psicóloga General Sanitaria en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans, y podemos valorar juntos qué está necesitando vuestro hijo o hija y qué podemos hacer para ayudarle a crecer con más seguridad, confianza y bienestar.

Puedes solicitar una cita conmigo y comenzar a trabajar en un espacio cercano, respetuoso y adaptado a las necesidades de cada familia.

Selene Cabello

Psicóloga General Sanitaria

Grado en Psicología y Máster en Psicología General Sanitaria

Experiencia Laboral
  • Reeducadora en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans).
  • Prácticas de psicología clínica en el CSMA (Gavá)
Formación complementaria
  • Curso «Acompañamiento en el proceso de duelo».
  • Curso «TEA».
  • Curso «Mindfulness».
  • Curso «Neuroliderazgo».
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