: Rechazo social en adolescentes: cómo afecta | Psicología Viladecans

PSICOLOGÍA VILADECANS: El rechazo social en la adolescencia

No es ‘drama’: el rechazo social puede sentirse enorme en la adolescencia | Psicología Viladecans

Psicóloga en Viladecans sobre el rechazo social en la adolescencia

Soy Paula García Hernández, Psicóloga General Sanitaria, y actualmente acompaño a niños, adolescentes, personas adultas y familias en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans. Me gradué en Psicología con mención en Psicología de la Salud por la Universitat de Barcelona y cursé allí el Máster en Psicología General Sanitaria. También me he formado en Terapia Asistida con Animales, prevención e intervención en suicidio, autismo y TDAH.

A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en diferentes contextos con niños, adolescentes y personas con discapacidad, tanto desde la intervención psicológica como desde el acompañamiento educativo. Esta experiencia me ha permitido observar algo que considero fundamental: lo que desde fuera puede parecer una exageración, desde dentro puede estar siendo vivido como un dolor enorme.

Y esto ocurre especialmente cuando hablamos de rechazo social durante la adolescencia.

Cuando no te incluyen, no siempre es “una tontería

En consulta, una de las situaciones que más me encuentro es la de adolescentes que llegan sintiéndose fuera de lugar. Quizá no les han invitado a un cumpleaños, han dejado de contar con ellos para determinados planes, un grupo ha creado un chat sin incluirles o han percibido que sus amistades se están alejando.

A veces, cuando lo explican, escuchan frases como:

“Ya encontrarás otros amigos.”

“No le des tanta importancia.”

“Son cosas de adolescentes.”

“Seguro que mañana se les pasa.”

“Estás haciendo un drama de nada.”

Entiendo que muchas de estas frases pueden decirse desde el intento de tranquilizar. Sin embargo, el problema es que pueden transmitir al adolescente algo muy diferente: lo que estás sintiendo no es importante.

Como psicóloga en Viladecans, cuando trabajo con rechazo social en la adolescencia intento no quedarme únicamente con lo que ha ocurrido objetivamente. Me interesa conocer cómo lo ha interpretado esa persona, qué significado ha tenido para ella y qué ha empezado a pensar sobre sí misma a partir de esa experiencia.

Porque no es lo mismo pensar “hoy no me han invitado” que empezar a pensar “nadie quiere estar conmigo”, “soy aburrido”, “hay algo malo en mí” o “siempre voy a quedarme solo”.

La adolescencia es una etapa especialmente sensible a la pertenencia

Durante la adolescencia se producen muchísimos cambios. La identidad está en construcción, las relaciones con iguales adquieren un peso enorme y aumenta la necesidad de encontrar un lugar propio dentro del grupo.

Por eso, sentirse aceptado o rechazado puede tener una repercusión emocional especialmente intensa.

Cuando una persona adolescente siente que no encaja, no está procesando únicamente una situación social concreta. Puede estar cuestionándose quién es, cuánto vale, si resulta interesante para los demás o si merece formar parte del grupo.

En mi experiencia como psicóloga en Viladecans, el rechazo social puede convertirse rápidamente en una experiencia que afecta a la autoestima, a la seguridad personal y a la manera de relacionarse con otras personas.

Y aquí hay una diferencia importante: validar el dolor no significa confirmar que todas las interpretaciones negativas sean ciertas.

Podemos decir: “Entiendo que esto te haya dolido mucho” sin decir “entonces es verdad que nadie te quiere”.

¿Por qué puede sentirse tan enorme?

Cuando una persona adolescente es excluida, su malestar puede aparecer de muchas maneras.

Puede mostrarse triste, enfadada, irritable o especialmente sensible. También puede empezar a evitar situaciones sociales, dejar de participar en clase, rechazar planes que antes disfrutaba o pasar mucho más tiempo aislada.

En otras ocasiones sucede lo contrario: intenta encajar a cualquier precio.

Puede modificar su forma de vestir, su manera de hablar, sus gustos o incluso tolerar comportamientos que le hacen daño con tal de no volver a quedarse fuera.

También pueden aparecer pensamientos repetitivos:

“¿Qué he hecho mal?”

“¿Por qué no me hablan?”

“¿Qué tienen los demás que yo no tengo?”

“Seguro que se están riendo de mí.”

“Si digo lo que pienso, me van a rechazar.”

Por eso, cuando una familia consulta conmigo por una situación de rechazo, no considero suficiente preguntar simplemente si el adolescente “tiene amigos”.

Como psicóloga en Viladecans especializada en acompañamiento psicológico, considero importante explorar cómo está viviendo sus relaciones, qué lugar siente que ocupa y qué impacto está teniendo la experiencia de rechazo social en su bienestar emocional.

Las redes sociales pueden hacer que el rechazo no termine al llegar a casa

Hace años, una experiencia de exclusión podía quedarse principalmente en el instituto o en el entorno social. Actualmente, las redes sociales pueden hacer que esa experiencia continúe durante muchas horas.

Ver que un grupo ha quedado sin contar contigo.

Descubrir fotografías de un plan al que no te invitaron.

Comprobar que otras personas están conectadas mientras tú estás solo o sola.

Leer comentarios o conversaciones que interpretas como indirectas.

Todo esto puede alimentar la sensación de estar fuera.

Además, las redes sociales muestran constantemente una versión seleccionada de la vida de otras personas. Esto puede hacer que un adolescente compare su realidad con imágenes de grupos de amistades aparentemente perfectos.

Y cuando ya existe inseguridad, esa comparación puede reforzar pensamientos como “todo el mundo tiene amigos menos yo”.

Por eso, desde mi trabajo como psicóloga en Viladecans, considero importante abordar el rechazo social sin separar la vida presencial de la experiencia digital. Ambas forman parte del mundo social de muchos adolescentes y pueden influirse mutuamente.

No todo rechazo significa acoso, pero tampoco debemos minimizarlo

Es importante diferenciar situaciones. Una decepción puntual con una amistad no necesariamente implica acoso escolar. Que un grupo no invite a alguien a un plan concreto tampoco significa automáticamente que exista bullying.

Pero que una situación no pueda clasificarse como acoso no significa que no pueda doler.

Por eso creo que los adultos tenemos que evitar dos extremos: dramatizar automáticamente cualquier conflicto y, en el otro lado, minimizarlo porque pensamos que “son cosas de la edad”.

La clave está en observar.

¿El malestar es puntual o se mantiene?

¿Está dejando de hacer actividades que antes disfrutaba?

¿Está evitando acudir al instituto?

¿Ha cambiado su manera de relacionarse?

¿Se muestra mucho más triste, irritable o aislado?

¿Habla negativamente sobre sí mismo o sobre sí misma?

¿Tiene miedo constante a ser rechazado?

¿La situación está afectando al sueño, al rendimiento académico o a su día a día?

Estas señales merecen atención.

¿Qué podemos hacer como madres, padres o personas adultas de referencia?

Una de las cosas más útiles que podemos ofrecer es un espacio en el que el adolescente no tenga que demostrar que su dolor está “justificado”.

En lugar de empezar buscando soluciones, podemos empezar escuchando.

En vez de decir “no pasa nada”, podemos probar con:

“Entiendo que te haya dolido.”

“¿Quieres contarme qué ocurrió?”

“¿Qué fue lo que más te afectó?”

“¿Qué pensaste sobre ti cuando pasó?”

“¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué puedes hacer?”

Esta última pregunta puede ser especialmente importante. A veces creemos que ayudar consiste inmediatamente en aconsejar. Pero quizá en ese momento el adolescente necesita sentirse acompañado antes de encontrar una solución.

También es importante no obligarle a socializar como si fuera simplemente cuestión de “poner de su parte”. La seguridad social se construye poco a poco y necesita experiencias de aceptación, no únicamente exigencias.

Pedir ayuda también puede ser una forma de cuidarse

Cuando el rechazo social se mantiene o empieza a afectar significativamente al bienestar emocional, pedir ayuda profesional puede ser recomendable.

En terapia podemos trabajar la autoestima, las habilidades sociales, la gestión emocional, los pensamientos asociados al rechazo y las estrategias para afrontar conflictos interpersonales. También podemos ayudar a diferenciar entre una interpretación negativa y una situación objetiva de exclusión o maltrato.

Como psicóloga en Viladecans, mi objetivo no es enseñar a un adolescente a “aguantar” el rechazo ni convencerle de que no debería afectarle.

Mi objetivo es ayudarle a comprender qué está sintiendo, poner palabras a lo que le ocurre y construir recursos para relacionarse sin tener que dejar de ser quien es para conseguir pertenecer.

Porque sentirse parte de un grupo importa.

Y sentirse rechazado puede doler muchísimo.

Si tu hijo o hija está sufriendo por rechazo social, podemos trabajarlo juntos

Si notas que tu hijo, hija o adolescente cercano está sufriendo especialmente por sus relaciones sociales, no tienes que esperar a que el problema sea todavía más grande para pedir orientación.

Como psicóloga en Viladecans, puedo acompañarle en un espacio seguro y adaptado a su edad, donde pueda expresarse sin sentirse juzgado ni juzgada. También podemos trabajar conjuntamente con la familia cuando sea necesario para comprender qué está ocurriendo y encontrar nuevas formas de acompañarle.

Si crees que necesita apoyo psicológico, puedes agendar una cita conmigo en Serveis Atenció Terapèutica de Viladecans.

A veces, lo primero que necesita una persona adolescente no es que le digamos que “no es para tanto”.

Necesita que alguien pueda decirle:

“Entiendo que para ti esto sí es importante. Vamos a ver juntos qué está pasando.”

Paula García Hernández

Psicóloga General Sanitaria

Grado en Psicología con mención en Psicología de la Salud (Universitat de Barcelona)

Máster Psicología General Sanitaria (Universitat de Barcelona)

Máster Terapia Asistida con Animales (ISEP)

Formación complementaria
  • Curso de Experto en Prevención e Intervención en Suicidio (ISEP)
  • Diploma en Intervención Educativa en Autismo (Fundació Pere Tarrés)
  • Diploma en Atención a la diversidad: TDAH (Fundació Pere Tarrés)
Experiencia Laboral
  • Psicóloga en Serveis Atenció Terapèutica (Viladecans)
  • Psicóloga y Monitora Adultos con Discapacidad (Fundación Apip-Acam)
  • Psicóloga infanto-juvenil en Escola Joaquim Abril (Sant Fost de Campsentelles)
  • Vetlladora en casa de colonias Mas Po-Canyadó (La Conreria)
  • Reeducadora de niños y adolescentes con TDAH y autismo en Asociació TDAH Vallès (Sabadell)
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